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Pensando históricamente (toma seis)

Qué cansino es eso de leer sobre "memorias silenciadas". Cada vez que alguien escribe o publica algo sobre un asunto que hasta entonces no ha sido leído mayoritariamente (¿sobre qué se lee de forma mayoritaria por estas tierras?) tengo que leer eso de que sobre ese asunto se ha ejercido la "memoria silenciada" (sic). Repito: en este país de países desde hace muchos años se ha venido escribiendo y publicando sobre todos y cada uno de los asuntos que nos han interesado a todos, sobre cualquiera de los aspectos de la Guerra, el franquismo, la Transición y la boda de Lolita, sobre TODOS. Nadie ha silenciado nada, ni nadie ha impedido que se escriba o publique sobre nada que no fuera atentatorio contra las leyes que nos protegen a TODOS.

“Invocar y negar el pasado al mismo tiempo: sentir nostalgia auténtica por un legado falso”, eso tan inglés a decir de Tony Judt. Algo que además también hacen los nacionalistas sin Estado (los auténticos nacionalistas).

Dice el escritor y traductor Antonio Rivero Taravillo que “la vida es una guerra. Hay quienes ven la batalla medio llena y quienes la ven medio vacía. De cadáveres, claro”. Pero yo más bien pienso que eso es lo que es el pasado y, así, le cambio su reflexión por esta mía: EL PASADO, para muchos españoles (demasiados, pero no la mayoría, afortunadamente), es una guerra. Hay quienes ven la batalla medio llena y quienes la ven medio vacía. De cadáveres, claro.

Contra las memorias, la realidad: el pasado como algo de lo que no sentirse orgulloso o como algo comprensible sobre lo que indagar respecto de lo que de él permanece en nosotros. O contra las memorias, la MEMORIA CULTURAL, la introspección que se niega a redimir nada, que se alza para conservar lo que sabemos que causó el pasado y para comprender sus consecuencias.

Ese querer ver en el pasado toda la maldad de la que está hecho el presente. Ese resaltar en las ruinas la ruindad y en los vestigios el terror. Ese amar la adoración doliente del trauma que empaña el verdadero conocimiento del pasado y daña la comprensión de la realidad y sus problemas e incapacita para aportar soluciones.

Sobre aquello de que si no estudiamos la historia, estamos condenados a repetirla. Si se repitiera la historia, entonces la Historia sería una ciencia natural, y no una ciencia social. Pero el mensaje se capta, se capta. Por cierto, lo que escribió el intelectual español George Santayana fue que “los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. No aquella otra frase más famosa pero falsa por inexacta de que "los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla". Dichos parecidos han sido asimismo atribuidos a Karl Marx y al estadista argentino Nicolás Avellaneda. En ese sentido, prefiero este texto del escritor venezolano Arturo Uslar Pietri: “Vivir sin Historia es lo mismo que vivir sin memoria […]. Condenar a cada generación o a cada hombre a partir de cero […]. Robinson Crusoe pudo sobrevivir en la isla porque llevaba consigo su pasado. Un Robinson desposeído del pasado y lanzado a la isla del pleno presente estaría condenado a perecer”.

Los historiadores queremos explicar qué queda del presente en el pasado. Y viceversa. Sobre todo, viceversa.

Vox quiere que el Día de Andalucía pase a celebrarse el 2 de enero, día en que se conmemora la toma de Granada y la culminación de la (Re)conquista en el año 1492, en lugar del 28 de febrero, festividad actual que recuerda la aprobación del Estatuto de Autonomía andaluz. La Historia no sirve para nada mientras no consiga evitar que se acuda al pasado para pervertir el presente.

El pasado no enseña nada, la Historia sí. Los alumnos son la sociedad civil. En medio, los historiadores.

Seguimos conectando el pasado, su estudio, con las preocupaciones del presente. Más lectura. Más aprendizaje. Más dicha.

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