Tenía la necesidad de explicarme a
mí qué es realmente eso a lo que llamamos España y se me ocurrió que la mejor
manera de hacerlo era escribir un libro, escribir un texto que diera en ser un
libro, mejor dicho. Porque los libros no
se escriben, se publican. Lo que yo quería era escribir ese texto y cuando
lo escribí pensé que lo mejor que le podía pasar a esas reflexiones es que acabaran
por ser eso, un libro. Un libro al que olvidé añadir mis agradecimientos, como
había hecho en los dos anteriores.
¿Lo olvidé, olvidé dejar por
escrito a quiénes les debo haber escrito lo que he escrito y he titulado ¿Qué
eres, España?, olvidé no limitarme a dar por sentado que cuanto forma
parte de ese libro se lo debo a cuantos me han enseñado algo relacionado con
ese país de países donde nací y vivo? No, lo hice adrede.
Olvidé escribir los agradecimientos
en los prolegómenos de ¿Qué eres, España?
porque el principal motivo por el que escribí ¿Qué eres, España? ya palpita en la persona a la que he dedicado el
libro. Ella sabe que el libro está
dedicado a ELLA, ahora sabe que el libro lo escribí por ella.
[imagen: La confesión (Saavedra, Lugo), 1980, fotografía de Cristina García Rodero.]

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