Los llamábamos tebeos, lo de comics llegó algo más tarde,
mucho antes que lo de llamar a los más serios, a los más profundos, novelas gráficas. Tebeos. Leíamos muchos
tebeos. Y nos rompíamos los pantalones de las ganas de decir que teníamos uno
nuevo.
Lo cuento.
Acababa de comprar en el kiosco de Maricarmen el Robin Hood de Joyas Literarias Juveniles
y entraba llegando a la plaza donde jugábamos a todo y hablábamos de casi todo
cuando, al ver que mi amigo Jose estaba sentado junto a Juli y Antonio, me
excité tanto, me aceleré de tal modo que las piernas se hicieron de lana y
corrí como un dibujo animado o uno de un tebeo con las piernas como ruedas… Y
sin el suelo, como esos dibujos. Sin suelo que sostuviera mis pies. Y
bruuummmm, batacazo. Hostiazo, diríamos cuando nos lo contáramos los unos a los
otros: tendríais que verle el hostiazo que se pegó, que hasta se rompió los
pantalones por la rodilla y hasta se hizo sangre. Pero me senté junto a ellos y
me puse a pasarles las hojas para que vieran la maravilla que les esperaba
cuando yo acabara de leerlo. El tebeo.


Me imagino verte correr así y es que me parto, juassssssssssss.
ResponderEliminarMenudo hostiazo.
Eliminar