En su historia de la música pop, Bob Stanley nos cuenta que el heavy metal (que “viene a ser el paquete básico de acceso al rock”) existía desde comienzos de la década de 1970, cuando a los chicos se les da a elegir entre dos formas de rock duro: la variante progresiva o el metal, que era mucho más simple, pues respondía a una fórmula más fácil de seguir, carente de la sutileza estética del rock progresivo, dado que “en el heavy metal no había nada que captar, era ruidoso, cabreaba a los padres y, por lo general, era de clase obrera”. Su función “no era poner a prueba las luces del oyente sino apagárselas: enterrar todos sus traumas adolescentes bajo una tromba de volumen puro y duro”.
El heavy tuvo su apogeo comercial a mediados de la de 1980: “el estilo parece indestructible y ha superado todos los cataclismos musicales, también es profundamente conservador y posee su canon particular, sus ídolos, todo un código de conducta metalero. Muy probablemente, junto con el country, el heavy metal sobrevivirá a todos los demás géneros consignados en este libro”. El heavy metal, continúo con Stanley, acabó “por cristalizar en diversas modalidades y, como ocurre con el country, cada una de esas facciones se considera depositaria de las esencias del género: mi metal es más heavy que el tuyo”.
El metal, como el country (que es una música con una considerable antigüedad que ha sido adoptada por el pop moderno y a su vez se ha adaptado a este, a diferencia del heavy, que data apenas de 1970 más o menos), “ha discurrido por una vía paralela a la del pop moderno que de vez en cuando ha tenido una marcada presencia en las listas y de vez en cuando ha dejado huella en otros géneros”.
“Desprovistos de todo adorno, el
quinteto australiano AC/DC terminó convirtiéndose en el más famoso de todos los
grupos heavy a base de no cambiar ni un ápice de su imagen ni de su sonido”.
El heavy metal no es únicamente un género de la música popular moderna es
también “un rito de paso: es una condición ontológica; se es heavy o no se es
heavy: casi ningún otro estilo tiene una razón de ser de esa índole”.
Este texto pertenece a mi libro de 2021 La música (pop) y nosotros.



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