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Partituras de Beck


Aparecido en el verano de 2014, el disco Song reader nació a partir del proyecto homónimo que el músico estadounidense Beck había publicado dos años antes simplemente como un libro de partituras propias (de 108 páginas, con muchas ilustraciones): para la grabación de dicho elepé se invitó a varios artistas a que interpretaran a su manera aquellas canciones de finales de 2012 en las que Beck llevaba trabajando desde 2004 (y que ya en 2013 dio varios conciertos interpretando él mismo esas canciones).

En noviembre de 2012, pocos días antes de publicar el libro de partituras, Beck explicó en The New Yorker que quería recordar con él aquella época de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando la industria musical no vendía vinilos ni archivos MP3, sino partituras físicas. Cuando la música “pertenecía a cualquiera que la tocara”. Al nombrar el álbum así, Song reader (‘lector de partituras’, más o menos), el cantautor quería apelar a un cierto espíritu comunitario, donde no se da la versión definitiva de la canción, sino que lo que se hace es regalar el plano de construcción para que cada cual haga la suya.

Sitúo a Beck. Me ayudo para ello de lo que Stephen Thomas Erlewine dice de él en la siempre interesante web allmusic.com: “el ícono alternativo californiano y polímata del pop, Beck, experimenta con géneros y tiene un estilo tan fluido que lo único que se puede esperar de un nuevo disco es que su enfoque sea diferente del anterior”. Beck aterrizó en la tierra cuando yo tenía siete años, lo hizo en la californiana Los Ángeles, era 1970, y a los 24 años consiguió hacer omnipresente un, en palabras de Erlewine, “himno de rap/folk lo-fi, Loser”. Elepés majestuosos suyos, lo sé bien, fueron Odelay, de 1996; Sea change, seis años posterior; Morning phase, de 2014; Colors, de 2017…


El disco Song reader es un conjunto de canciones que suena a folk, a lo que se llama a menudo americana, y también al conocido como pop de cámara, incluso hay algo de humor absurdo, pero casi todo gira alrededor de la nostalgia, las relaciones rotas, las identidades cambiantes y cierta melancolía, todo muy típico de Beck. Sesentaitrés minutos y veinte segundos sensacionales.


En Song reader, Moses Sumney canta Title of this song (una reflexión juguetona y metamusical sobre cómo una canción puede hablar de sí misma y de la dificultad de expresar sentimientos reales); fun. hace lo propio con Please leave a light on when you go (donde el abandono y esa necesidad de conservar una mínima esperanza son los protagonistas); Tweedy interpreta The wolf is on the Hill (el lobo como símbolo del miedo a aquello que acecha desde fuera del hogar); Norah Jones Just noise (una canción sobre la incomunicación y esa sensación de que las palabras, también mucha de la vida actual, acaban por ser solamente simple ruido); Lord Huron Last night you were a dream (lo nostálgico del amor perdido, cuando se refugia en el recuerdo o en el mundo de los sueños); Bob Forrest Saint Dude (donde asistimos al retrato de alguien carismático pero decadente); Jack White I’m down (un tema en el que al agotamiento emocional, también a la resignación, se añade ironía ante el fracaso sentimental); el propio Beck nos deja Heaven’s Ladder (pura búsqueda espiritual: todo eso de encontrarle sentido a la vida para escapar del dolor cotidiano); Juanes Don’t act like your heart isn’t hard (donde se le dice a la cara a alguien lo despreciable que es su frialdad emocional y su incapacidad para mostrarse vulnerable o sincero); Laura Marling Sorry (toda una disculpa melancólica sobre errores amorosos y sobre lo difícil que es reparar el daño hecho); Jarvis Cocker Eyes that say ‘i love you’ (cuando la intensidad de una mirada es capaz de comunicar amor en el momento en que las palabras fallan); David Johansen Rough on rats (una pieza surrealista y humorística sobre la crueldad, la supervivencia y los comportamientos absurdos de las personas); Jason Isbell Now that your dollar bills have sprouted wings (y ahora: la ruina económica repentina, pero tratada con ironía y desesperación); Marc Ribot The last polka (con la danza como metáfora, este instrumental refleja una despedida nostálgica de un mundo antiguo o de una relación que se acaba); Eleanor Friedberger Old Shanghai (aquí se evoca una ciudad soñada y decadente, exótica, mientras regresan fantasmas del pasado); Sparks por su parte cantan Why did you make me care? (y lo hacen sobre el dolor de implicarse emocionalmente con alguien que termina causando sufrimiento); Swamp Dogg America, here’s my boy (de trasfondo sociopolítico innegable, una crítica amarga al tan cacareado sueño americano); Jack Black We all wear cloaks (sobre esas máscaras sociales que sirven para que ocultemos quiénes somos realmente); Loudon Wainwright III Do we? We do (una conversación en torno al amor y el compromiso, con las habituales dudas cotidianas pero también con el verdadero afecto); Gabriel Kahane, junto a yMusic, interpreta para cerrar el disco Mutilation rag (un tema extraño y oscuro dedicado al caos, la violencia emocional y la fragmentación de la identidad). Sparks, Tweedy, Norah Jones, Jack White, Jason Isbell, Laura Marling, Lord Huron, Loudon Wainwright III, Jarvis Cocker… Menudo elenco, ¿verdad? Y Beck.

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