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Chuck Berry & The Walker Brothers

Todo lo que vino después, en aquel siglo XX de la música pop nacida del rocanrol nacido del blues nacido de África… Por ejemplo, Chuck Berry y The Walker Brothers.


 

A Charles Edward Anderson Berry le escribí un 18 de octubre este poema:

vivimos tiempos de rocanrol

somos hijos de la noche

herederos de tu baile del pato

gracias a algunos ángeles

tan locos como lo eres tú

hemos dejado de ser sapiens

y ahora volamos como si nada

Gloria Eterna al Padre (Negro) del Rocanrol

Años después, no sé muy bien por qué, se me ocurrió este otro a Scott, John y Gary Walker (que no se apellidaban así… del todo):

El oro que atesoran las almas

se estremece en el interior insomne

de una canción de los Walker Brothers.

Hay algo en esa deliberada tristeza

con lo que se pueden edificar templos

de verdades. Una cercana adolescencia

se esfuma en los sonidos de los altavoces,

abrazos alineados hacia un infinito

de espumas y valses para solitarios

estallan uno tras otro en un arco iris.

En nuestro interior, la electricidad

del mundo nos espera silenciosa,

como un ámbito del pasado

inquieto por la fiabilidad

de la memoria.

“«El rey de los penitas», alguien con Gusto, talento y un dominio excepcional sobre la materia, pero empeñado en «ser una penita de la manera más rara» era un cantante americano que parecía inglés y se llamaba Scott Walker:

—Tiene algo que te está diciendo, podría hacer canciones redondas, podría ser maravilloso, pero no quiero. Que haga falta mucha paciencia para entenderme…

El tal Scott Walker, el ídolo incontestable de Elsa, se llamaba en realidad Scott Engel y había pertenecido a un grupo para «fans» de gran éxito, los Walker Brothers, pero, siempre según Elsa, también muy buenos.

—Luego lo dejó todo para hacer esos discos tan raros. Tan especiales… Yo al principio decía: «Mira, Scott, está muy bien lo que haces a la trigésima vez que lo oyes. Pero no sé por qué te empeñas en ser otra cosa. Una cosa muy triste, además. Yo creo que esa penita es inventada. Y hay que alegrarse un poco, hombre…»”.

Francisco Casavella: El día del Watusi (tres novelas que son una y que fueron publicándose literalmente por entregas los años 2002 y 2003)

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