Emilia, Pardo y Bazán es un grupo musical español creado en la ciudad toledana de Talavera de la Reina acabando el año 2020 (a la puerta de un cine, cuentan ellos mismos). Sergio Sanguino canta y escribe las canciones del grupo, cuya música es responsabilidad de todos, Ada Martínez toca la batería, Pepe Sánchez es el guitarrista, Carmen Giménez toca los teclados y Paula García el bajo: los cuatro hacen coros. Rock de ahora mismo para contar historias y gritar lemas tan pegados a la realidad que vivimos como divertidos y emocionantes. Sergio, Pepe y Paula son actores, el núcleo fundacional en aquel año 2020, a la entrada de aquel cine. Más cine, por favor.
Su primer elepé se puso a la venta en
2021, era El mal de la juventud, con la
producción de Marco Serrato; tres años posterior es La fiesta que me prometiste,
producido por Carlos Hernández (que ya había hecho lo propio con Triángulo de
Amor Bizarro, Carolina Durante, Viva Suecia, Los Punsetes, La Habitación Roja,
Leiva, Deluxe o Sidecars).
Mucha personalidad la de esta banda
tan popera, tan roquera, tan expresiva que, en 2026, publicó su tercer álbum, Qué
ha sido de los planes que hicimos anoche cuando estábamos borrachos, esta
vez producido por Guille Mostaza (componente del grupo Ellos y productor de
Niña Polaca) y que grabó su primer disco en 2019, un single titulado Ciudad
de vacaciones.
Como sabes quién fue Emilia Pardo Bazán (cuyo nombre parodian con gracia) te ahorro leerlo aquí.
Raquel Elices escribió de ellos que
“su power rock de herencia urbanita y ecos a los noventa inflados de cinismo
ilustra perfectamente el desencanto de toda una generación, la de todos
aquellos millennials que crecieron entre encuentros y desencuentros en el FIB,
partidos de fútbol, resacas a pie de playa y discos de La Costa Brava y coches
de gran cilindrada”. Pues ya estaría.
Lo de Qué ha sido de los planes
que hicimos anoche cuando estábamos borrachos tiene una explicación,
cinematográfica, claro, y Emilia, Pardo y Bazán nos la van a dar:
“La frase la
pronuncia Gary Oldman en la película Parthenope, de Paolo Sorrentino. En
una soleada y hermosa mañana donde parece que todo está por empezar y en
realidad todo está acabado, todo en la escena es perfecto salvo precisamente la
mañana, que como todas las mañanas que siguen a una noche artificial es un completo
desastre que late bajo la impostura de lo visible.
Cada vez con más
frecuencia salimos a embriagarnos y minutos después rebosamos amor y esperanza,
ideamos planes precisos y preciosos que adornan el futuro; sólo unas horas
después el plan es únicamente seguir existiendo humillándose lo menos posible”.
Qué poco indies (sea lo que sea eso que todo el mundo usa: indie) son. Como leo a Lorena M.: “canciones que no quieren salvar a nadie, pero tampoco adormecer. Música para bailar mientras algo, muy dentro, sigue incómodo”. Esas guitarras… Y lo de Sanguino y sus letras cáusticas y al mismo tiempo lúcidas, esa manera irónica pero no carente de ternura melancólica, levemente melancólica… La vida siempre en construcción, ese edificio dramático. Tan cinematográfico. Emilia, Pardo y Bazán. Menos mal que el rock sigue diciéndonos algo. Con canciones.

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