Es indudable que la mayoría de la población no se implicó en las trincheras de la Guerra Civil española. Quien esto afirma, y es imposible no estar de acuerdo con ese análisis, es el historiador español Juan Sisinio Pérez Garzón en su extraordinario libro Breve historia de España, publicado en 2025.
“La voz de las
urnas en 1931, 1933 y 1936 permite defender que la mayoría no sintonizaba con
la violencia armada. No hubo dos Españas ni los militares expresaron la
voluntad nacional. Era rotunda la heterogeneidad sociopolítica de actores ideas
y metas, tanto entre los republicanos como en las derechas y en los partidos
nacionalistas de Cataluña y Euskadi”.
Todo ello queda definitivamente explícito
cuando uno comprende que en julio de 1936 la sublevación militar fracasó en
más de media España y que fue el paso desde el estrecho gibraltareño de las
tropas del general Francisco Franco desde Marruecos hasta la península
Ibérica, garantizado por Hitler, “lo que reforzó a los rebeldes y desencadenó
una guerra civil que hizo del asesinato del adversario la solución política
inmediata”.
Cuando cinco años atrás, en el año 1931, se había instituido la Segunda República, “se reforzaron las esperanzas sociales y políticas que se plasmaron en la Constitución y en las reformas impulsadas por republicanos y socialistas y hubo alternancia de gobiernos durante seis años, con una intensa polarización social, aunque minoritaria, en el recurso la violencia como vía para lograr sus objetivos políticos”. Y, como puntualiza, necesariamente, Pérez Garzón, “en ningún caso hubo razón alguna para que un grupo de militares se considerasen los intérpretes de la voluntad de toda España”. Aquella insurrección “acabó desencadenando la mayor tragedia social del siglo XX español: una guerra civil”, lo que para el autor de Breve historia de España es “el periodo más traumático y de mayor excepcionalidad en la historia española”.
“Porque la guerra
provocada por la sublevación militar supuso derrota, muerte, cárcel y exilio
para cuantos españoles no comulgaban con las ideas de los insurrectos. Y, a su
vez, la dictadura implantada desde 1936 por los militares rebeldes se
perpetuó casi 40 años con el precepto constante de silenciar cualquier
disidencia”.
Que la mayoría de los españoles no quiso hacer la guerra, regreso al comienzo de este texto, queda confirmado por una serie de datos que obligan “a moderar el calibre épico de la violencia”. Veamos:
“Respecto al
compromiso ciudadano con la guerra hay que subrayar que no pasaron de 120.000
los voluntarios en la zona republicana y unos 100.000 en las sublevada: la
mayoría no quiso la guerra. De los 5 millones de varones a los que correspondía
ir a la guerra en un país de 24,7 millones de habitantes, el gobierno
republicano reclutó a 1,3 millones de jóvenes y los sublevados a 1,2. Dos
millones y medio de jóvenes forzados: pero eran 5 millones los de edad de
luchar; se libraron otros 2 millones y medio: 700.000 por ser declarados ‘inútiles’
o ‘exceptuados’ y 1,8 millones por ‘prófugos’. Porque también, una vez
reclutados, abundaron los desertores, tantos que en ambas zonas se dieron
instrucciones al respecto”
Repite conmigo: la mayoría de los
españoles no quiso hacer la guerra, la mayoría de la población no se
implicó en las trincheras de la Guerra Civil española.


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