En la novela Brilla, mar del Edén, del escritor español Andrés Ibáñez, publicada en 2014, uno de sus personajes, alguien poderoso y peculiar, suelta una perorata contra los ideales de los idealistas. Esta perorata:
“Ustedes,
izquierdistas, revolucionarios, hippies, ecologistas afeminados, niños
malcriados, defensores de fracasados, vagos, inútiles y cobardes. ¿Quién les
contó que el mundo era un jardín de infancia y que debía ser así y que era
indignante e intolerable que no fuera así? El mundo tiene amos, y los que no
son amos han de ser siervos y servir. ¿Cómo podría ser de otra manera? […] Los
amos del mundo a veces pierden una batalla, o pierden durante unas décadas o
unos lustros un país, una región. No importa, porque su poder es absoluto y
tienen todas las cartas en la mano. Tienen la tecnología, los medios de
comunicación, la fabricación de medicinas, el control del grano y de los
alimentos, el control de las fuentes de energía. Incluso comienzan a tener el control
del clima. Incluso comienzan a concebir una forma de controlar la conciencia,
de desviar la atención de poblaciones enteras, de crear sociedades de seres
sumisos y obedientes”.
El mundo tiene amos. El mundo no es
un jardín de infancia. El poder de los amos es absoluto. La obediencia y la
sumisión no es el único camino de quienes solamente son los sirvientes de los
amos.
Muy interesante. No porque sea verdad,
sino porque hay quienes fundamentan sus actuaciones, todo su pensamiento, en
esa consideración. ¿Sabes quiénes son?

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