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La Guerra Civil: pequeñas historias en el ámbito de la cultura; por Rafael Esteban


La 
Guerra Civil española (1936-1939) ha sido estudiada desde múltiples perspectivas, contemplada a partir de los numerosos ángulos y matices de una realidad observable, para el historiador, bajo prismas distintos y, como siempre que se adopte un modelo sistémico de análisis, complementarios. Solo valorando y teniendo en cuenta los acontecimientos políticos, bélicos, económicos, sociales, etc., correctamente contextualizados en el marco nacional español y, desde luego, en el del mundo del periodo de entreguerras, se puede ofrecer una sólida visión global de aquellos hechos tan decisivos en la historia de España.

Las líneas que siguen se centran, únicamente, en una de esas posibles posiciones de observación: la referente a la cultura. Y no lo hacen de un modo sistemático, sino pretendiendo exponer, bajo tipologías de las que escaparán casos concretos, una serie de pequeñas historias.

 

 

La muerte

 

Guerra y muerte

Dos palabras que en la lengua española (posiblemente, en todas las lenguas) van siempre de la mano. Trágica e indisolublemente unidas. Indisociables. La Guerra Civil española, que no fue una excepción, se cobró muchas vidas, entre ellas las de algunas personalidades que propiciaron que la cultura española sea lo que es. Cuatro pequeñas historias, solo cuatro…

 

Las cunetas

Detenido el 16 de agosto de 1936 en la casa de su amigo y también escritor Luis Rosales, el poeta y dramaturgo Federico García Lorca fue fusilado horas después, en la madrugada del día 18 de ese mes, por causas que aún son motivo de debate y estudio (pero entre las que siempre se han contado algunas como su decidida defensa de la República y su homosexualidad). Dónde exactamente, aún no se sabe con certeza, pero muy posiblemente en alguna cuneta o paraje solitario en las cercanías del granadino barranco de Víznar.

Esas cunetas y parajes solitarios en las que a tantos les fue arrebatada la vida. En este caso, la de uno de los principales creadores en lengua española.

 

Las tapias del cementerio

Imagen que contiene persona, hombre, parado, frente

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.Miembro de la generación del 98, Ramiro de Maeztu evolucionó ideológicamente desde una juvenil aproximación al socialismo moderado hasta tendencias más conservadoras, vinculadas a la firme defensa del catolicismo y el tradicionalismo.

Tal sentir está presente en dos de sus obras más famosas: La crisis del humanismo (1920) y Defensa de la Hispanidad (1934). A finales de julio de 1936, fue detenido y encarcelado en Madrid por fuerzas defensoras de la República. El 29 de octubre de ese año fue fusilado en el cementerio del entonces pueblo madrileño de Aravaca.

 

Paracuellos

Entre noviembre y diciembre de 1936, tuvo lugar uno de los episodios más controvertidos de la Guerra Civil española. Si el antifranquismo militante recordó siempre momentos como el bombardeo de Guernica entre los iconos de la barbarie, los fusilamientos de Paracuellos fueron el contrapeso de la balanza esgrimido desde la opción ideológica opuesta para argüir la crueldad, violencia y arbitrariedad del enemigo.

En el contexto de la batalla de Madrid, millares de presos partidarios de los rebelados fueron trasladados desde las prisiones en que estaban recluidos hasta Paracuellos del Jarama, municipio próximo a la capital donde fueron fusilados sistemáticamente por milicianos republicanos. Una de las víctimas de aquellos sucesos fue el dramaturgo Pedro Muñoz Seca, autor de una de las obras más populares del teatro español, La venganza de don Mendo.

 

La cárcel y la enfermedad

Foto en blanco y negro de una persona con sombrero

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.Un pastor autodidacta, capaz de convertirse en uno de los emblemas de la poesía contemporánea hispana y de asir sin dudarlo un arma para defender la causa republicana, en cuanto esto fue necesario. Miguel Hernández, militante del Partido Comunista de España (PCE), mantuvo una doble actividad en el transcurso de las hostilidades: empuñando su fusil como miliciano (primeramente, en el mítico 5º Regimiento) y escribiendo poemarios de guerra como Viento del pueblo El hombre acecha. Concluida la contienda, fue capturado. Pasó por diversas cárceles antes de morir, en una de Alicante, como consecuencia de la tuberculosis contraída en prisión.

 

La movilización interior de las fuerzas defensoras de la II República

 

La Alianza

El 30 de julio de 1936, pocos días después de iniciarse la contienda, se fundó en Madrid la denominada Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura (más conocida por el nombre abreviado de Alianza de Intelectuales Antifascistas).

Alumbrada como rama española de la Asociación Internacional de Escritores para la Defensade la Cultura(establecida en París un año antes), a ella estuvieron adscritos los nombres de los principales autores españoles comprometidos con la esencia de aquel organismo (la defensa de la cultura y el sistema democrático frente a la agresión fascista al Gobierno republicano del Frente Popular); entre ellos, la filósofa María Zambrano, el cineasta Luis Buñuel y los poetas Luis Cernuda, el ya mencionado Miguel Hernández y Rafael Alberti.

 

El poeta militante, el poeta en la calle

Afiliado al PCE, el poeta Rafael Alberti desplegó tras la proclamación de la II República y durante la Guerra Civil un intenso activismo como militante político y como creador literario, quedando esta última faceta al servicio de la primera. Fruto inequívoco de ambas fue la obra El poeta en la calle, cuyos poemas, publicados a lo largo de la década de 1930, vieron la luz de forma conjunta en 1938 bajo el mencionado título.

 

Bibliotecas en el frente

Fracasada en Madrid la sublevación, los alzados, decididos en un primer momento a tomar la capital para un triunfo inmediato, marcharon sobre ella desde diversos frentes. Las columnas del general Emilio Mola bombardearon Guadarrama desde la vertiente segoviana del Alto del León, defendido desde la madrileña de forma espontánea por milicianos, cuyas familias eran atendidas por los ayuntamientos y organizaciones de asistencia como Socorro Rojo.

Foto en blanco y negro de un grupo de personas de pie

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.Más tarde, llegarían al frente de la sierra refuerzos de nuevos milicianos, ya encuadrados en compañías. Fueron las primeras de ellas las Compañías de Acero, organizadas por el 5º Regimiento de Milicias Populares, el 5º Regimiento del PCE en el que ya dijimos que militaba Miguel Hernández, cuyo origen se encuentra en las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC), creadas por el propio PCE.

Pues bien, de forma simultánea a todo este esfuerzo defensivo, nacieron en Madrid diversas organizaciones (cuyos integrantes eran igualmente considerados milicianos) dedicadas a la extensión de la cultura, que igual organizaban actos que establecían bibliotecas (algunas de ellas volantes, transportando libros a los frentes de guerra). Entre estas organizaciones –que también desempeñaban una importante función de propaganda política- cabe mencionar a Cultura Popular, que desarrolló sumisión cultural entre las bombas que los aviones alemanes Heinkel y Junker, y los italianos Caproni no tardaron en dejar caer, a diario, sobre Madrid.

 

La movilización exterior de las fuerzas defensoras de la II República. Hombres de pluma y espada

 

Si manifiesta fue la movilización de muchos intelectuales españoles ante la guerra desatada en su patria (hay que precisar que el campo de batalla español se consideró siempre el escenario de la lucha genérica y universal entre totalitarismo y democracia), una referencia muy especial merecen aquellos que acudieron a España a poner su vida al servicio de unos ideales o, como poco, a dar testimonio al mundo, por el ejercicio de su actividad profesional, de lo que en ese país acontecía. Tipos de pluma y espada. Unos ejemplos pueden bastar.

 

El diplomático

En mayo de 1934, el poeta chileno Pablo Neruda llegaba a Madrid para convertirse en cónsul de su país en España. El que sería premio Nobel de Literatura en 1971 forjó y alimentó en España una buena red de amistades. Entre ellas, lógicamente, contó con la de diversos poetas, algunos ya citados en este texto, como Alberti, Hernández o García Lorca. El también ya referido fusilamiento de este último le marcaría.

Neruda se adhirió sin reservas, desde el primer momento, a la causa republicana. Y no de manera tibia, desde luego, sino lo suficientemente significada como para que el Gobierno chileno, valorando que podía estar vulnerando el principio de neutralidad, clausurara su consulado madrileño. De tal modo que, a finales de 1936, Neruda se trasladó a París. En la capital francesa culminaría la redacción de los poemas integrantes de España en el corazón, obra publicada en Chile en noviembre de 1937.

Al año siguiente, Pedro Aguirre Cerda, nuevo presidente de la República chilena tras el triunfo electoral del Frente Popular, del que era candidato, le nombró cónsul en París. Desde su nuevo destino, Neruda organizó el viaje de un buque, de nombre Winnipeg, que en 1939 desembarcaba en el puerto de Valparaíso a más de 2.000 exiliados españoles.

Imagen en blanco y negro de un hombre en un barco en el agua

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El idealista

El escritor y activista británico George Orwell formó parte de aquellos militantes del Partido Laborista Independiente (en el que militaba) que presintieron que, en 1936, no había mejor lugar que España para defender la libertad. La decisión se tradujo en el viaje del grupo para defender con las armas al régimen republicano.

Orwell llegó a Barcelona en los últimos días de 1936, quedando encuadrado en las milicias del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), de orientación trotskista, cercano durante la contienda a las posiciones revolucionarias anarquistas de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y la Federación Anarquista Ibérica (FAI), y radicalmente enfrentado a las directrices estalinistas marcadas, a través del PCE, desde Moscú.

La experiencia de Orwell en la contienda se saldó con una herida de bala, disparada desde las trincheras enemigas, y una persecución (compartida con otros poumistas y anarquistas) sufrida en las propias como resultado de los de sobra conocidos sucesos acaecidos en mayo de 1937 en la ciudad condal.

Orwell relató sus experiencias españolas en Homenaje a Cataluña (1938). Años después, publicaría dos obras que se convertirían en sendas celebérrimas metáforas condenatorias de los regímenes totalitarios: Rebelión en la granja (1945) y, cómo no, 1984 (1949).

 

La escuadrilla

Foto en blanco y negro de un hombre con un avión

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.En julio de 1936, el escritor francés André Malraux era ya un destacado activista en el contexto europeo de la lucha antifascista. Un año antes, había publicado La época del desprecio, un relato cuyas páginas vieron la luz como consecuencia de un viaje realizado por el autor a Alemania en el que tuvo la oportunidad de conocer, de primera mano, la realidad del régimen de Adolf Hitler. De tal forma que, en el verano más triste de la historia de España, Malraux no dudó en ponerse al servicio de la II República.

Y sin vacilación, desde luego: en agosto, al mes siguiente de la sublevación, ya había organizado un escuadrón aéreo, la Escuadrilla España (que luego pasaría a ser denominada Escuadrilla Malraux), cuyas operaciones se prolongaron en el tiempo hasta febrero de 1937. El coronel Malraux (pues así se le puede llamar una vez que recibiera del Gobierno republicano tal graduación militar) plasmó estas experiencias en La esperanza, novela publicada en Francia en diciembre de ese mismo año 1937.

El apóstata

En octubre de 1934, otro escritor francés, Georges Bernanos, se había trasladado a residir a la ciudad española de Palma de Mallorca. Hombre de fuertes convicciones católicas y nacionalistas, en Francia se había relacionado con la conservadora Action Française de Charles Maurras, con el que rompió tales vínculos en 1932. Dado su posicionamiento ideológico, parece lógica su inicial adhesión a la causa sublevada, alterada como resultado de las percepciones que le ofrecieron los primeros meses de la contienda.

En marzo de 1937, dejó España y regresó a Francia. Al año siguiente, vio la luz uno de sus más famosos escritos, Los grandes cementerios bajo la lunavívido y sincero testimonio de la represión ejercida por las fuerzas franquistas en la isla de Mallorca.

 

¿Sólo literatura?

Restringir estas notas al mundo de la literatura sería ofrecer una visión reduccionista de la cultura. Los siguientes casos lo demuestran. Cuatro ejemplos. Sólo cuatro de tantos…

 

El periodista

El escritor, periodista y, sobre todo, aventurero estadounidense Ernest Hemingway estuvo presente en la Guerra Civil española en calidad de corresponsal. El impacto de lo que conoció en esa etapa de su vida se reflejó en su obra de teatro La quinta columna (1938) y en la novela Por quién doblan las campanas (1940).

Imagen que contiene hombre, persona, texto, libro

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El periodista gráfico: el fotógrafo

La fotografía y la Guerra Civil española quedaron indisolublemente unidas por un nombre, nuevamente el de un extranjero que quiso dar testimonio de lo ocurrido, en este caso con una cámara.

Para muchos, la obra del estadounidense Robert Capa (nacido en Hungría con el nombre de André Friedmann) marcó un antes y un después en la historia de la fotografía. Su obra demuestra sobradamente su concepto: el fotógrafo, con su cámara, está en disposición de hacer imperecedero el instante temporal; de perpetuar y convertir en histórica la fugacidad; de detener el presente, captarlo y legarlo al futuro.

Y eso fue lo que realizó, como corresponsal de la revista Life, durante la lucha española. Posteriormente, el consumado reportero gráfico estaría presente en la II Guerra Mundial y en la guerra de Indochina (donde, en 1954, murió al pisar una mina). De todas las fotografías que efectuó en España, una de ellas, Muerte de un milicianopasó a ser la imagen por excelencia de la contienda. Aunque existen serias dudas, se cree que el 5 de septiembre de 1936, en Cerro Muriano (Córdoba), Capa captó el momento en que, víctima de un disparo, el miliciano Federico Borrell perdía la vida defendiendo a la República.

 

El pintor

El 26 de abril de 1937, la Legión Cóndor (uno de los principales apoyos que Alemania prestó a las fuerzas rebeldes de Francisco Franco) bombardeó de manera indiscriminada la histórica población vasca de Guernica y Luno. La acción se convirtió en un referente universal de los horrores de la guerra.

El Gobierno republicano encargó al artista Pablo Ruiz Picasso que realizara una obra que reflejara aquella tragedia para ser exhibida en la Exposición Internacional de París de aquel año. El resultado fue Guernica, uno de los cuadros clave del arte contemporáneo.


El cartelista

Imagen que contiene texto, firmar, dibujo, señal

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.El cartelismo vivió una auténtica edad de oro en España durante la II República y la Guerra Civil.

Concebidos como instrumentos propagandísticos para lograr la movilización de los colectivos y la adhesión estrecha de la sociedad a causas o posiciones muy concretas, los carteles proliferaron de forma pareja a su progresivo perfeccionamiento técnico y semántico. Si su expresión formal y visual adquirió altas cotas en el plano puramente estético, en el aspecto textual se erigieron en férreos transmisores de solicitud de solidaridades gracias a unos mensajes tan concisos como directos y plenos de carga ideológica.

Hay quien ha afirmado que el cartelismo político puede incluso considerarse un subgénero artístico propio de la edad contemporánea. Con anterioridad a la contienda intestina española, la Revolución Rusa había marcado un importante episodio de su eclosión como tal. Uno de los famosos cartelistas españoles fue Josep Renau, director general de Bellas Artes del Gobierno republicano durante la guerra.



 

El involucionismo cultural de los sublevados: del nacimiento del nacionalcatolicismo a ‘Raza’

El 1 de julio de 1937, se hacía pública la Carta Colectiva de los Obispos españoles, dirigida por estos a sus homólogos de todo el mundo con motivo de la guerra. En ella, la Iglesia católica española mostraba a las fuerzas de Francisco Franco un apoyo que ya era patente desde que, en septiembre de 1936, el llamado Alzamiento Nacional recibiera por primera vez el calificativo de Cruzada (así la definió el obispo de Salamanca, Enrique Pla y Deniel, en su carta pastoral Las dos ciudades, defendiendo la causa sediciosa).

Tras el triunfo bélico de Franco, el régimen autoritario que este implantó en España tuvo uno de sus principales pilares de sujeción en la Iglesia católica, cuya preeminencia en los aspectos religioso, educativo y cultural la erigieron en ente modelador de una sociedad caracterizada por el tradicionalismo y por una moral privada y pública férreamente dependiente de los valores religiosos católicos. Ese nacionalcatolicismo se perpetuaría como esencia de la España franquista.

Foto en blanco y negro de un grupo de personas posando por un foto

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Hubo, cierto es, algún pequeño resquicio. En marzo de 1938, el falangista Dionisio Ridruejo se convirtió en director general del Servicio Nacional de Propaganda del Gobierno de Franco radicado en Burgos. Alrededor de Ridruejo se agruparon escritores como Pedro Laín EntralgoGonzalo Torrente BallesterLuis Felipe Vivanco y Luis Rosales, quienes acabarían por constituir el que fue denominado Grupo de Burgos. La importancia de este entorno consistió en que su concepción intelectual del que habría de ser nuevo régimen español terminó por provocar su distanciamiento ideológico de Franco y la génesis de un peculiar núcleo disidente con el monolítico franquismo.

Un monolitismo del que habla la escasa prodigalidad de manifestaciones culturales dignas de mención, salvo que se tengan por tales la faraónica obra arquitectónica dedicada a “los Caídos” en la sierra madrileña o la aportación al celuloide de Jaime de Andrade, seudónimo con el que el mismísimo Francisco Franco se atrevió a entrar en la historia del cine primero como novelista y luego como guionista del largometraje estrenado en 1941 bajo el significativo título de Raza.

 

El exilio

 

Una de las consecuencias que la Guerra Civil tuvo en la sociedad española fue el exilio al que muchos se vieron obligados por el temor a la represión o al que optaron por la disconformidad con el régimen implantado. Entre los españoles, anónimos y célebres, que prefirieron o tuvieron que dejar su país hay que mencionar a los que dejaron a la posteridad el legado de su pensamiento; buena parte de una generación de intelectuales cuya creación se desarrolló fuera de su patria.

Sería prolija la relación de nombres a los que la contienda empujó a una vida distinta a la que posiblemente hubieran tenido si la historia de su país hubiera sido otra. Poetas como León Felipe; pintores como Picasso; cineastas como BuñuelMaría Zambrano y otros muchos filósofos, como los acogidos, física e institucionalmente, en El Colegio de México; historiadores como Claudio Sánchez Albornoz o Manuel Tuñón de Lara

Una pléyade de creadores que en el entorno literario dio a los manuales su propia generación: la generación del exilio, en la que figuran Jorge Guillén, Pedro Salinas, Jorge Semprún, Josep Carner, Alfonso Rodríguez Castelao, Rafael Dieste

Imagen que contiene Texto

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.Arturo Barea, quien legó una obra básicamente autobiográfica vertebrada en torno a la trilogía La forja de un rebelde (1941-1944), que integran La forja (sobre la España que despertaba al siglo XX), La ruta (centrada en las guerras de Marruecos) y La llama (sobre la Guerra Civil misma); y La raíz rota (1955, con el exilio como núcleo argumental).

Ramón J. Sender, quien, como Barea, plasmó vivencias en primera persona sobre las guerras de Marruecos, en Imán (1930), y el comienzo de la Guerra Civil, en Contraataque (1937), además de disponer la contienda como escenario de una pequeña joya como Réquiem por un campesino español (1953, cuando se publicó intitulada Mosén Millán). Un Sender cuya esposa era fusilada en Zamora mientras él defendía Madrid…

 

Y tantos y tantos otros que fueron, por unas circunstancias que no volverán a ser…

 

[Este texto del autor apareció el 5 de marzo de 2012 en la revista Anatomía de la Historia]

Comentarios

  1. E
    Siempre me pregunto por qué en todos los listados, en uno u otro bando, no se nombra a Falla, republicano nacionalista, músico universal, profundamente católico, exiliado y muerto en Argentina.

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    1. Pues mira, ya tienes ahí tu oportunidad de salvar ese escollo. Aunque como se indica en el texto no hay pretensiones de agotar el listado, porque no es lo que pretende, ser un listado. Gracias por leer Insurrección.

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