Uno lee libros por diversas razones, para asombrarse es una de ellas. Lo que siguen son asombros provocados por los libros que leo.
La memoria
“La memoria, podríamos decir, es una
forma de ceguera, porque, al fin y al cabo, hay que imaginarse todo, reanimar
lo inerte, montar la tragicomedia de un pasado reducido a un tingladillo de
guiñol.
La memoria no tiene además
cronología: su tiempo gira en espiral, en un circuito esquemático y desvaído,
con altas paredes de niebla […]
Como si nuestra vida pasada no
hubiese sido sino una representación ante escenarios cambiantes, entre
figurantes efímeros, lo que no deja de resultar curioso, ¿verdad?, curiosa esa
sensación de movimiento cuando nos ponemos a recordar y las imágenes se dinamizan
con la misma incoherencia que las de los sueños, porque el caso es que la
memoria acaba siendo una ficción estática en la que el fluir del tiempo se
solidifica: no se trata de una secuencia, sino de un grumo, de una cápsula de
irrealidad en la que resuena el eco de quienes fuimos, sin reconocernos apenas
en nuestra concatenación de identidades, mudables como somos, fabuladores de
nuestro vivir, desconocidos ya ante el espejo, a la espera de lo que quiera que
nos traiga el futuro, que en la juventud es el espacio de las quimeras altivas
y en la vejez el del pánico a lo imprevisto”.
Felipe Benítez Reyes:
La gente (novela), 2025
Las dos canciones más
deprimentes de la historia de la humanidad
“Cualquier playlist de mi viejo
incluye las dos canciones más deprimentes de la historia de la humanidad: Creep
y On Melancholy Hill. La de Radiohead
tiene un momento al minuto uno, cuando están por cantar el estribillo y estalla
un sonido horrible, como si se cayera un parlante, dos o tres veces, fuera de
tiempo. Es el instante exacto en que se rompió la música del mundo. Se hizo trizas
el clavicordio de Mozart y la música siguió sonando por pura inercia. Pero ya
está, ahora lo que escuchamos es la banda sonora del final de los tiempos, la
cajita de música pisoteada por la bestia. Y la canción de Gorillaz. Bueno. No
la quiero ni pensar porque se te pega sin escucharla. Mi papá fue joven en los
noventa, no tiene la culpa.
Pedro Mairal:
Los nuevos (novela),
2025
Todos tenemos un límite
“Todo el mundo tiene un límite, un
límite para la desdicha, un límite para la esperanza, y una vez traspasado ese
límite, la persona queda deshecha y reducida a nada. Ésa es una de las cosas
que aprendí en la isla, y también que nadie puede saber por anticipado dónde
está ese límite. A veces se llega a él muy fácilmente. A veces la persona
muestra una entereza frente a la desdicha como la que asociamos con los héroes.
A veces la persona es un baobab, a veces un junco”.
Andrés Ibáñez: Brilla, mar del Edén (novela), 2014

Comentarios
Publicar un comentario
Se eliminarán los comentarios maleducados o emitidos por personas con seudónimos que les oculten.