El decimoctavo libro del escritor argentino Pedro Mairal, su quinta novela, es una obra extraordinaria titulada Los nuevos. Una de las poquísimas novelas con las que al acabarla, tras disfrutar como se disfrutan las grandes obras literarias, comencé a llorar, levemente, como si fuera lo mejor que pudiera hacer en ese momento. Y en la vida.
Publicada
en 2025, a esta novela no le pasa como “les pasa mucho a los bajistas”, que
“tocan un instrumento que la gente cree que no suena”. No, no le pasa eso, como
podría pasarle a uno de sus jóvenes protagonistas, jovencísimos, en este caso Bruno
(bajista él, y muchas cosas más), perfilado literariamente con una calidad
creativa desbordante, recia y precisa, como la empleada con el resto de los
personajes de esta novela sensacional.
[…]
Thiago, otro de los protagonistas, quizás
el principal, está, lo dice él mismo, “medio fallado”, se le “corta el wifi”.
Mairal lo construye ante nuestros ojos sin que nuestros ojos pestañeen para que
vaya directamente a ese hueco del alma lectora donde van los personajes
literarios que son más ciertos que las personas.
Pilar,
Pilar Reina, Pili, Pil Vicious:
la tercera protagonista, la segunda, la primera, un personaje impresionante.
También.
Y
la final del Mundial de 2022, el que ganó (era su segunda vez) la
selección de Argentina, la de fútbol. La de Messi. Tan protagonista, aquella
final, como ellos tres. Entre unas cosas y otras.
Y
la muerte (“cuando te morís te vas a un lugar donde ni siquiera la luz
puede escapar”). La de la madre de Thiago, sin ir más lejos (“en un momento no
dio más, se le cansó la sangre, se murió”). Qué sería de la literatura sin la
muerte. O de la muerte sin la literatura.
[…]
El
mundo podría ser como un juego, un juego de ordenador, un videojuego, en el que
si conseguimos desbloquear algunas cosas pasamos de nivel. Pero no lo es. Los
tres lo van a aprender. Tarde o temprano, por las buenas o por las malas. Y
nosotros, lectores, vamos a estar ahí.
El
amor viaja veloz cuando aparece en la novela, como si el mundo se
acabara de inventar. Si hay muerte ha de haber amor. La muerte real, el amor
como es él, no siempre perdurable. La eternidad y lo fugaz. La literatura.
La muerte, el amor, la música. Hay en Los nuevos además un respeto reverencial, anómalo, por esa presencia necesaria de la música, de escucharla. De tocarla. La novela se las trae, ya digo. Y una capacidad de atender todas las formas posibles de contar las cosas. De contar la vida. El estilo, sí, porque la forma puede ir pareja al fondo y hacer brotar ese arte que buscamos cuando lo queremos para ver más de cerca la realidad (“quiero seguir contando lo de Pil, pero me cansé un poco de usar la tercera persona. Salió, subió, volvió, se arrepintió… Voy a probar por un rato escribirlo como si lo contara ella a ver cómo queda:”). Pedro Mairal, artista escritor (“¿a quién le estamos contando todo esto? No sé, a nadie. A Dios”). No olvidemos la memoria.
[…]
Mairal
sabe que “la felicidad contada siempre queda medio boba”. Y aun así nos
la muestra sin desgana, atrevida. Ahí nos la deja, esos retazos. Como cuando
uno de los tres protagonistas dice que si le preguntaran a qué momento de su
vida regresar, elegiría volver al momento en que los tres iban en el coche
cantando una canción de C. Tangana, la que dice eso de “Me maten si no
pueden entrar, / me muera no les puedo fallar. / Yo sin esta gente pa qué
cojones quiero pasar…”
A los nuevos, a los “recién llegados”, dan ganas de decirles que no entren, que “no se metan en este lugar lleno de miedo”, ellos, que aún no han sido “alcanzados por toda esa violencia de la historia”. Dan ganas de protegerlos de la crueldad. Pero van a acabar entrando igual, “tienen que entrar, tienen que llegar, ni se imaginan lo que se les viene encima, pero hay que cuidarlos”.
Este texto pertenece a mi artículo ‘Cuidar a los nuevos en una novela de Pedro Mairal’, publicado el 14 de enero de 2026 en Letras 21, que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.


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