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La corrupción. ¿Qué hacer?; por Justo Serna


Cada vez que, a izquierda o derecha, se procesa a un militante destacado, a un dirigente con mando o a un partido ejerciente, siento pena, desazón, rabia, tristeza…

Y confirmo lo que somos: una especie decepcionante. Somos seres que negamos lo que de nosotros se espera y que, si podemos, cuando nadie nos ve, incumplimos las reglas.

Por eso no hay que confiar, sino delegar y vigilar, trabajar en común y fiscalizar. O, por ejemplo, poner y camuflar radares en las carreteras, autovías y autopistas para sorprender a quienes se creen por encima de las normas de tráfico y de las limitaciones de velocidad.

Quien se salte esas normas debe esperar una sanción o una punición dolorosa, disuasoria, nunca inferior al disfrute de incumplirlas.

Los individuos incurrimos en el error, en el horror, en la temeridad que a otros lastra o pone en riesgo. Los individuos cometememos latrocinios y sevicias si a nosotros mismos y a nuestras agrupaciones no se nos ponen diques, frenos o sanciones.

Tiempo atrás en uno de sus libros leí y destaqué un texto, un pasaje muy lúcido de Max Weber. Cito de memoria, aunque lo esencial es esto que reproduzco.

Si los individuos tienen la certeza de que la comisión de un delito recibe un castigo inferior a la ganancia obtenida con el crimen, entonces el delito se consumará.

Por lo investigado y averiguado por la UCO, tres presuntos delincuentes vinculados a la cúpula del Partido Socialista han estado repartiéndose grandes sumas de dinero.

Quiero pensar que para su propio disfrute ilegal, por supuesto. Son prácticas extractivas, son cantidades obtenidas de la obra pública.

Dichas actividades se habrían realizado sin el conocimiento y sin el consentimiento de Pedro Sánchez y, por supuesto, del resto del Gobierno: por pura lógica, si son muchos los implicados, a uno se le puede ir la lengua, descubriendo así a la tropa de delincuentes.

Durante años, esas prácticas delictivas se habrían cometido sin que los máximos responsables se enteraran, sin que advirtieran el gravísimo crimen.

¿Es posible, es creíble? Todo es posible y todo es creíble. Pedro Sánchez pidió perdón hasta en ocho ocasiones durante su comparecencia ante los medios en la sede socialista.

¿Debe dimitir? ¿Debe convocar elecciones?

José María Aznar dejó el Gobierno y, tiempo después, fueron cayendo como procesados o condenados finalmente ministros de sus dos gabinetes.

A M. Rajoy se le hizo caer con una moción de censura no sólo por la corrupción de su partido y las prácticas de algunos de sus ministros. Se le hizo caer porque él mismo estaba en el centro de los cobros ilegales, de los sobresueldos.

Que sepamos, a Pedro Sánchez no se le ha podido imputar ninguna ilegalidad vinculada a la corrupción. Sin duda, lo sucedido con sus secretarios de organización es irritante, odioso.

¿Basta con pedir disculpas?

Si hubiera una mayoría parlamentaria suficiente, probablemente podría organizarse una moción de censura. Pero no la veo.

En el actual Gobierno hay un proyecto social muy digno, nada equiparable a los planes que sostendrían PP y Vox, planes a los que tienen perfecto derecho cuando tengan la mayoría parlamentaria. Que tengan derecho a aplicar esos planes no significa que yo los apruebe o me entusiasmen.

Ignoro si el actual Gobierno de coalición podrá acabar su mandato en 2027. Si dura hasta entonces seguirá siendo legítimo por mucho que nos escandalicen José Luis Ábalos o Santos Cerdán o Koldo, el chico para todo y el pícaro grabador.

Intelectuales refinados o toscos de la derecha retan a los votantes progresistas a justificar la situación, a que admitan su derrota, a que se entreguen con armas y bagajes.

Yo no me entrego, queridos.

No sé en otras partes. En Valencia contamos con un Gabinete autonómico que, sin ser un Gobierno Frankenstein, es monstruoso. Además, recuerda lo peor de nuestro pasado popular. Una parte esencial de sus presupuestos, recién aprobados, y de sus medidas prácticas merecen mi repudio. Podría ponerles muchos ejemplos, pero no quiero.

Por ahora, espero sobrevivir a un Gabinete valenciano que detrae fondos de cultura para regalárselos a entidades retrógradas. Literalmente. Etcétera.

En el PSOE ha habido y habrá cuatreros. Va en la naturaleza humana. Espero que un tribunal no defina el partido socialista como una organización criminal destinada a delinquir. Si es así habría que apartarse o refundarlo.

En el Partido Popular, organización condenada en su momento, hay aún presuntos delincuentes y casos por resolverse o sustanciarse gracias a la demora y lentitud mineral de las instrucciones judiciales.

Lo dicho: los seres humanos somos decepcionantes y tendemos a saltarnos las reglas si la punición es inferior al goce o beneficio del delito.

Espero que los procesos sean rápidos, ajustados a derecho y espero que las puniciones sean gravosas. Para que se les quiten las ganas a los émulos que aún hay.

La corrupción nunca la erradicaremos. No somos angelitos. Necesitamos radares de vigilancia, limitaciones y prescripciones. Y una justicia que la ciudadanía sienta eficaz y universal, no un paquidermo de lentitud antediluviana.

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