El octavo libro de la escritora estadounidense Julie Schumacher es una novela titulada Dear Committee members, publicada en 2014, que yo he leído traducido diez años después magníficamente a mi idioma por Alberto Moyano Muñoz con el título de Queridos miembros de la Junta. Es la primera novela de una trilogía protagonizada por el profesor Jason Fitger, que tuvo su continuación en The Shakespeare requirement, de 2018, y The english experience, cinco años posterior.
Julie Schumacher es profesora de
Escritura Creativa en la Universidad de Minnesota, también es novelista.
Jason Fitger es profesor de Escritura
Creativa y de Filología Inglesa en la Universidad de Payne, novelista además.
Es fácil deducir de dónde saca la autora ese tono descacharrante pare retratar el mundo universitario estadounidense, y de paso, la propia sociedad de la primera potencia mundial (todavía). Porque Queridos miembros de la Junta es una sátira repleta de un sibilino humor inteligentísimo, a menudo perturbador y casi siempre desmoralizante. Una sátira escrita a la manera de las novelas epistolares, pues de eso está exclusivamente compuesta, de decenas de cartas (de recomendación) escritas por el protagonista y dirigidas a numerosas dependencias universitarias y a algunas empresas. Las cartas de Fitger. Las cartas de Schumacher. Las más de 1300 cartas de recomendación en las que Fitger se muestra entusiasta, sin dejar de ser sus misivas “gritos de desesperación”.
“La
lectura y escritura de ficción requiere, y a la vez inculca, empatía: la
inserción propia en la vida ajena”.
A Fitger no le da miedo ni vergüenza
“ser un dinosaurio”, tampoco ser “una persona que lee y que da clases sobre
novelas, y no textos, y que “siempre que puede inculca durante las clases los
valores humanistas en rápido declive” mientras subraya “el uso de la literatura
para profundizar en la experiencia y la condición humana”. Respecto de épocas y
temas tiene “gustos eclécticos”, pero por lo general no le “conmueven las casas
flotantes ni las abuelas míticas que regresan de entre los muertos, y que son,
seamos sinceros, el equivalente contemporáneo de los elfos y los unicornios”.
“Doy fe (valga el
juego de palabras) de que la literatura ha sido para mí un sucedáneo de la
religión, y podría apostar que la búsqueda de lo inefable a través de la
estética en varias formas ha salvado a tantas almas descarriadas como la fe en
Dios”.
Para que luego digan que lo corrosivo, si es artístico, no puede ser un deslumbrante reflejo emotivo de lo mejor del alma humana.

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