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Sin el placer del viajero: McEwan balbuceante

El placer del viajero es el título español de la segunda novela del grandioso escritor británico Ian McEwan (publicada, con su título original The comfort of strangers, en 1981 y traducida espléndidamente diez años más tarde a mi idioma por Benito Gómez Ibáñez).


Es esta una novela que tiene lugar en un sitio que no se menciona pero que poco a poco se hace evidente de una forma luminosamente oscura: la muy literaria, cinematográfica, pictórica Venecia. Vacaciones en Venecia (“lo mejor de unas buenas vacaciones es que hacen que uno desee volver a casa”). Una novela sobre el amor, sobre el dolor, sobre la inseparable mezcla de deseo, cariño, miedo y necesidad que es amar o querer amar y querer ser amado. (Sin amar en todo preciso momento.)

 


“Individualmente no se irritaban con facilidad; pero una vez juntos lograban ofenderse de forma sorprendente e inaudita; entonces, el ofensor (eso había sucedido una o dos veces desde que llegaron) se enfadaba por las muestras de susceptibilidad empalagosa que el otro daba, y así continuaban explorando en silencio los pasajes sinuosos y las plazas súbitas, hasta que la ciudad empezaba a eclipsarse mientras ellos se recluían con más fuerza en su presencia mutua”.

 

Su presencia mutua. Uno de los dos protagonistas de la novela, Mary, le pregunta a Collin, el otro personaje principal: “¿Por qué da tanto miedo amar tanto a alguien?”. Asusta tanto…

He de decir que El placer del viajero es quizás la novela de McEwan que menos me haya gustado. Pero eso, hablando del escritor inglés, no es decir gran cosa. Casi ni tan siquiera sea decir nada malo.

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