Lo llaman retro soul (de ahora mismo): es la réplica, con intenciones modernas y relativamente reciente, de la música que se hacía en la era dorada de la música soul: aquella música, ya considerada tradicional, nacida en Estados Unidos en la década de 1950 y que llegó, con su sello inconfundible, hasta la de 1970. La manera de cantar, muchos de sus arreglos y el empleo de determinadas técnicas de grabación propia del retro soul (contemporáneo) buscan acercarse de una manera especial, no meramente mimeográfica o revivalista, a aquella música espléndida y orgullosa. El retro soul, que difiere del rhythm and blues contemporáneo (nada que ver con el que sentó las bases de las primeras canciones de los Rolling Stones, sino más bien el de, digamos, Beyoncé, Rihanna o The Weeknd) y del neo soul (Macy Gray, Alicia Keys, John Legend o Erykah Badu), es el practicado por músicos como Sharon Jones, Mayer Hawthorne, Raphael Saadiq o Charles Bradley, e incluso por veteranos del soul como Lee Fields. Y Durand Jones.
Fuera etiquetas. Si acaso dejémoslo en nuevo soul.
Comienzo por decir que Durand Jones es un músico descomunal, un cantante y
compositor de música soul (sin más, de música, más bien) de los que son capaces
de enardecer a uno con el vigor mayúsculo de sus canciones conmovedoras.
Nacido y criado en la pequeña comunidad estadounidense de Hillaryville, bañada por el río Mississippi y perteneciente a la localidad de Ascension Parish, en las cercanías de la ciudad de Baton Rouge, en el estado de Luisiana, hasta que, y viviendo en el estado de Indiana, donde estudiaba Jones, junto a Aaron Frazer, Blake Rhein, Kyle Houpt y Justin Hubler, integrantes del grupo Charlie Patton's War, creó Durand Jones & The Indications. Con esa banda, liderada por él, ha grabado tres elepés sensacionales: Durand Jones & The Indications, en 2016; American love call, tres años posterior; y Private space, publicado en 2021. Ya en solitario, en 2023 ha lanzado un álbum que, si no lo es, le falta poco para ser una obra maestra de la música pop negra: Wait til i get over. “Espera a que me recupere”.
Wait til i get over es
“una obra para escuchar despacio, en silencio y con asombro creciente, porque
en cuanto a sinceridad y capacidad de conmoción nos encontraremos con pocos
ejemplos que le hagan sombra”. No lo digo yo, lo dice el crítico musical
Fernando Neira, pero hago mías esas palabras.
Las canciones de su primer álbum en solitario, a
menudo entre la tentación y la fragilidad emocional, pero siempre vigorosas,
bañadas incluso por el blues y la música góspel cuando se necesitan, siempre
soul, comenzaron en algunos casos a ser escritas o concebidas mentalmente por
Jones nueve años antes de su grabación y suelen tener que ver mucho con su vida
en Hillaryville, sus primeros años, antes de dedicarse plenamente a la música
ya en Indiana. Él mismo produce el elepé, junto a Ben Lumsdaine y Drake Ritter,
que también tocan diversos instrumentos. Otros músicos que intervinieron en la
grabación de Wait til i get over fueron el bajista Glenn Myers y el
teclista Matt Romy. “Lo que con su (extraordinaria) banda se traducía en
estallidos de soul refulgente aquí es pasión con efectos retardados pero
impacto demoledor”, escribe Neira.
La única versión que interpreta Durand Jones en el disco es un clásico de la música negra estadounidense, la canción Someday we'll all be free, que el cantante y compositor de música soul Donny Hathaway, merecedor de un Premio Grammy a toda su trayectoria, grabara en 1973 para su álbum Extension of a man, compuesta por el legendario artista y Edward Howard.
Durand Jones (él en solitario o con The Indications)
graba para el sello discográfico estadounidense Dead Oceans, fundado en 2007 en
Bloomington, en el estado de Indiana, que también publica discos del gran
veterano Bill Fay, del siempre asombroso Kevin Morby, de los buenísimos Bright
Eyes, de ese valor en alza que es el grupo Khruangbin, de los extraordinarios
Marlon Williams o The Tallest Man on Earth, de la sorprendente Mitski, de la
asentadísima Phoebe Bridges, así como de Phosphorescent, Slowdive, A Place to
Bury Strangers y Japanese Breakfast, entre otros. Menudo elenco de música de
nuestros días.


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