El catedrático español Javier Méndez, director de Paideia. Revista de filosofía y de didáctica filosófica, es autor de Sólo ética, publicado en 2019, así como de otros libros, algunos también de poesía. La obra suya que acabo de leer se titula Meditaciones éticas. Reflexiones en torno a la conciencia moral, aparecida en 2022.
Sé por Méndez que lo moral es lo predecible en los grupos humanos, las
costumbres colectivas, en tanto que la ética sería lo predecible en los individuos,
nuestra manera individual de comportamiento.
Lo privado y lo público, “moral y ética, se complementan e interpenetran, pero cada una mantiene un ámbito o esfera claramente delimitada. En este sentido, no podemos exigir que todos los miembros de una sociedad se comporten de una manera determinada bajo nuestra moral privada. Y, de igual manera, se pueden exigir ciertos comportamientos por parte de una sociedad a sus miembros, aunque se aparten de su moral o convicciones más íntimas”.
Explica el autor que “la reflexión moral sólo puede venir desde nuestra
experiencia”, ya que “sin experiencia no hay moral”: la manera de enlazar el mundo
moral con el mundo empírico es el respeto, que no es sino “el puente” entre
la experiencia moral y la reflexión ética.
“El respeto es un intercambio entre individuos
en donde se da una sintonía emocional, pero no implica la universalidad. El reconocimiento
pertenece a la ética y el respeto a la moral, pues el respeto implica una actitud,
un comportamiento como costumbre de respetar al otro, mientras el reconocimiento
implica una reflexión, la conciencia de valorar al otro como poseedor de dignidad,
de condición humana. El reconocimiento incluye el respeto mutuo”.
Es cuando llegamos con el pensador español al concepto de virtud (aquello
que nos hace buenos y felices), cuando nos topamos con el intríngulis de todo esto.
Como siempre, tratándose de reflexiones filosóficas, una pregunta (en realidad varias,
hasta cuatro): ¿qué es el bien, qué ser bueno, qué la felicidad, qué ser feliz?
Me temo que no tendremos respuestas. Yo sigo leyendo…
Méndez reconoce que la felicidad es el asunto ético por excelencia, pues
toda ética se plantea la felicidad como objetivo del ser humano. La felicidad está
vinculada, en nuestro tiempo, más con el “llegar a tener” que con el “llegar
a ser”, pero realmente es/debería ser lo contrario: es (para filósofos como
Méndez lo es) la facultad humana de llegar a ser algo determinado por encima de
la de llegar a tener determinados bienes.
Intentamos responder al galimatías del bien y al mal: si lo bueno es cuanto
“conviene y hay que perseguir”, lo malo es “lo que perjudica y hay que
evitar”. El bien se asocia a la verdad y el mal a la mentira.
El bien no tiene una existencia material, existe únicamente como idea, “es
un modelo o proyecto que se piensa como posibilidad de lo real”. La realización
del bien, que tenga lugar, depende de los seres humanos “de una época y lugar” que
se lo propongan tras haber pensado en el bien.
“La historia del ser humano ha sido la
historia de llenar de contenido material los conceptos del bien y del mal”.
El bien y el mal son únicamente ideas que necesitan contenido.
“La constitución del bien es una obra
colectiva a la que los individuos y culturas van aportando elementos que se
van relacionando, interactuando hasta formar un discurso o narración”.
Y en esas seguimos, tratando de explicarnos qué es el bien, qué el mal. Qué
queremos que sea el bien y qué el mal. Para poder medirnos, para poder saber a qué
atenernos. El bien y el mal como una obra abierta.
Seguimos sabiendo que no sabemos nada.



Gracias José Luis, efectivamente, el bien es una búsqueda que nos incumbe a todos y necesita mucha reflexión. El mal, como decía Sócrates, es producto de nuestra ignorancia e irreflexión.
ResponderEliminarUn saludo
Soy Javier Méndez. No he podido iniciar sesión con google. Problemas con el navegador. Gracias de nuevo
EliminarGracias a ti por escribir ese libro. Un abrazo.
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