El año 2022 se estrenó la fabulosa película chilena 1976, de una medidísima duración de poco más de hora y media, dirigida primorosamente por Manuela Martelli, autora asimismo, junto a Alejandra Moffat, de su brillante guion. La intrigante y peculiar música de Mariá Portugal y la excelente fotografía de Yarará Rodríguez aportan al conjunto el tono de inmensa calidad artística que desprenden todas sus intrigantes escenas. Un conjunto magníficamente completado, encabezado, mejor dicho, por la impresionante interpretación de la genial Aline Küppenheim, muy bien acompañada por el resto de actores (Nicolás Sepúlveda, Hugo Medina, Alejandro Goic, Antonia Zegers, Carmen Gloria Martínez, Marcial Tagle, Amalia Kassai, Gabriel Urzúa, Mauricio Pesutic…).
"La mezcla de estudio de
personajes, intriga hitchcockiana y una excelente interpretación principal de
Aline Kuppenheim hacen que sea una historia tensa y envolvente con un fuerte
potencial de cine de autor"
Allan Hunter (Screendaily)
La dictadura chilena del último tercio del siglo XX es el ámbito
desasosegante de este film prodigioso, pequeño y enorme a la vez, que no me
extraña que haya sido seleccionado para optar al Premio Goya a la Mejor
película iberoamericana. Este drama es, para la crítica cinematográfica de El
País Elsa Fernández-Santos, "un poderoso thriller intimista con
el terror de Pinochet de fondo”, un largometraje “sutil y elegante como su
protagonista".
Menudo debut el de una cineasta que imagino será una artista de época: la
también actriz Manuela Martelli, quien “se inspira en la trágica historia de su
propia abuela, que terminó suicidándose por las penurias a las que tuvo que
hacer frente”, según le leo a Juan Luis Sánchez en DeCine21.
Por cierto, suscribo las palabras de Sánchez, cuando abunda en que Martelli “no ha rodado un film militante con un discurso agotador, reiterativo y mil veces visto sobre la cruda realidad de las dictaduras latinoamericanas, sino que construye una historia sutil, marcada por las escenas de suspense, con las que se lleva de la mano al espectador”.
Quedémonos con la palabra sutil, que usan tres de los críticos que yo he leído: Sánchez, Férnandez-Santos y Federico Marín Bellón (quien en ABC escribió de 1976 que es "una película inteligente y sutil, alejada del habitual cine con causa, que sabe iluminar las distintas capas de la sociedad con una frialdad sorprendente y a la vez eficaz").


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