“El fútbol expresa, replantea e idealmente reconstruye la sociedad, a su manera, con sus propias herramientas. Como forma de canalizar eficazmente las esperanzas y frustraciones de la sociedad, el fútbol despierta unas emociones tan envolventes y unas pasiones tan intensas que lo diferencian claramente de cualquier otro acontecimiento contemporáneo”.
Eso escribió en 2007 el historiador brasileño Hilário Franco Júnior en su libro A dança dos deuses. Futebol, sociedade, cultura.
La importancia del
fútbol, que desde hace más de un siglo ya es global (mundial por mejor decir),
viene creciendo exponencialmente más allá de la propia práctica deportiva desde
hace tiempo, especialmente desde la década de 1990.
La economista italiana Andrea Goldstein (en su libro de 2022, Il potere del pallone. Economia e politica del calcio globale) indica que ello es así, desde aquellos años, porque es entonces cuando “tanto las realidades de la economía, la política, la sociedad, la cultura y el deporte, como sus representaciones simbólicas, quedaron envueltas en la retórica y la práctica de la liberalización, la integración y la privatización. Y de todas estas transformaciones, el fútbol ha sido espejo y emblema”. Espejo y emblema debido a lo apuntado por Hilário Franco Júnior: a que el fútbol expresa e incluso reconstruye cuanto es cada sociedad, ya que es un canalizador eficaz de las esperanzas y frustraciones de los ciudadanos.
No obstante, como
nos dice Jorge Valdano desde su columna sabatina de El País desde
2018 (‘El juego infinito’), es cierto e indudable que, en la actualidad, la
globalización uniformiza al fútbol, “el negocio lo exprime y la tecnología lo
invade”, pero… “al fútbol aún le quedan rasgos humanos”. No lo
olvidemos. Aquellos que hacen que todavía hoy tantos millones de personas
sigamos amándolo.
[Fuente de los dos libros citados: Revista digital Ciclonauta, del historiador Anaclet Pons (traductor también de los textos citados), 28 de octubre de 2022]



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