El descubrimiento de América, el acontecimiento al que el historiador mexicano Miguel León-Portilla llamara “encuentro de dos mundos” con el objeto de acercar el occidentalizante término “descubrimiento” al más apropiado de “encuentro”, es tenido por los autores de Anatomía de la Historia como el hito histórico más distinguido de todos los tiempos.
A continuación, te presentamos los motivos que
a algunos de ellos les han impulsado a considerar el descubrimiento de América
como tal.
Fernando Martínez
El descubrimiento de América es un gran “de repente” de la Humanidad, me explico. De repente la Tierra es redonda, de
repente hay otro continente (se tardó bastante en admitirlo), de repente hay
otros seres humanos, con sus glorias y sus miserias; de repente existe una cosa
llamada España, que, de repente, se constituye en el primer imperio colonial
moderno,
Y, casi de repente, se le puso América,
pues Mathias Ringmann y otros geógrafos, para acompañar al planisferio
mural Universalis Cosmographia, dibujado por el cartógrafo
alemán Martín Waldseemüller, le acuñaron esa palabreja en uno de los márgenes del
mapa en honor al falso descubridor Vespucio.
¿De repente? Pues sí, el Tercer Mundo de golpe, al
margen del Occidente desarrollado, pero gobernados y dominados por una antigua terra incognita (¡).
Manuel Jesús Prieto
Fue el descubrimiento de América un salto de gigante en la configuración del mundo, en su tiempo y en el actual. Se tomó conciencia de
una gran parte de la Tierra que estaba hasta entonces ignota y aquello, de un
modo u otro, cambió la percepción del mundo.
En su tiempo, miles de hombres, a un lado y al otro,
se vieron envueltos en cambios
decisivos derivados del
descubrimiento: nuevos productos, guerras, riquezas… Por otra parte, en la
actualidad, más de cinco siglos después, podemos decir que millones de personas
tienen la cultura, lenguaje… que tienen, en gran medida porque el primero en
llegar al lugar de sus antepasados fue Colón y no otro.
David Alonso
1492: el nacimiento de la modernidad. Este es el expresivo título de uno de los últimos
libros de Felipe
Fernández-Armesto.
Efectivamente, hay un antes y un después de la llegada de Colón a América. Así,
por ejemplo, lo podrían pensar los miles de irlandeses que en siglos
posteriores vieron en la patata un complemento alimenticio básico.
A partir de 1492 el comercio comenzó a ser un asunto global.
Sin la plata americana, la consolidación del primer capitalismo sencillamente
no hubiera sido posible.
Se ha celebrado 1492 como un acontecimiento “nacional”
(en España). No, no fue un hecho aislado, sino un elemento absolutamente
esencial para entender procesos actuales como la globalización o
el mestizaje.
1492 no fue un año más. Fue, nada más y nada menos, el año sin el cual nuestro mundo sería
diferente.
Juan Carlos Herrera
El 12 de octubre de 1492 dos mundos se encontraron; dos mundos separados por tradiciones religiosas, políticas,
económicas y sociales distintas. La trascendencia de tal acontecimiento cambió
no solo la historia de los distintos pueblos que coincidieron en fecha tan
señalada, sino la historia de toda la humanidad, al dar lugar a lo que se ha
llamado, no con cierta inexactitud, la Era de los Descubrimientos.
En efecto, el colonialismo europeo inició su extensión
por todo el orbe. Pero, ¿cómo
empezó todo? Por un error,
puesto que Rodrigo de Triana al avistar la tierra que se extendía ante él creyó
ver la Indias, al igual que los capitanes de las tres carabelas, que convirtieron
el océano Atlántico en un puente de unión.
Luces y sombras cubrieron el encuentro de estos dos
mundos. La rapiña de la Vieja
Europa llevó el sojuzgamiento,
la enfermedad y la muerte a las comunidades indígenas, pero también el mestizaje humano y cultural, y con él el vínculo más profundo que ha mantenido
unidas a ambas orillas del océano: la
lengua, elemento fundamental
para la “Invención de
América” en 1492.
Rafael Esteban
La historia de la humanidad ha mostrado una tendencia,
progresiva y prácticamente inevitable, necesaria, hacia la universalización.
Esto es, a una realidad dinámica en la que aparecían sucesivamente más y más
complejos sujetos (desde el individuo hasta las organizaciones supraestatales,
pasando por los Estados nacionales), que desarrollaban su actividad –objeto de
la ciencia histórica– en espacios geográficos cada vez más amplios.
De forma simultánea, esos sujetos históricos
desarrollaban y generaban toda una serie de múltiples relaciones entre ellos,
influidos y condicionados (incluso para algunos, “determinados”) por el
factor “espacio”.
En el marco de esta tesis, el ser humano, antes
todavía de serlo, en pleno proceso evolutivo hacia la consecución de su “humanidad”,
efectuó ya decisivas migraciones desde África, primer paso de la tendencia
aludida al principio y que culminaría, ya en el siglo XXI, con la plena
globalización de sujetos y espacios gracias a las tecnologías de la información
y de la comunicación.
Pues bien, el descubrimiento de América, el denominado
encuentro de dos mundos, supuso un
hito fundamental en ese
recorrido. Cierto que Europa era ya, para entonces, un Viejo Continente, que
África era de sobra conocida y formaba parte de las rutas comerciales de las
potencias del momento, al igual que Asia.
En 1492, había ya antiguas y numerosas pruebas de lo
dicho: Roma y su Imperio, forjado a partir de su dominio del mar
Mediterráneo; Alejandro Magno, conquistador de un territorio tan vasto que, desde
su reino macedonio, se había extendido por Egipto, Oriente Próximo, Asia
Central, India…; las grandes
civilizaciones asiáticas, China,
Japón, el valle del Indo, ¡la
Ruta de la Seda!
Sí, pero a la historia le faltaba una ficha para poder
empezar el juego de la universalización de forma definitiva, un espacio
geográfico que, a la postre, resultaría definitivo: América, un
inmenso conjunto territorial que se convertiría en factor decisivo de las
relaciones internacionales de la Edad Moderna y que aportaría, a su vez, sus
propios sujetos históricos, llamados a transformarse en actores fundamentales
del propio devenir histórico durante la Edad Contemporánea (y la alusión a
Estados Unidos parece tan obvia como necesaria).
Miguel Ángel Novillo
En realidad, no tendríamos que hablar de
descubrimiento sino más correctamente de encuentro entre dos culturas, pues, obviamente, América y sus habitantes ya
existían antes de que los ‘descubrieran’.
La llegada
de Cristóbal Colón a
América el 12 de octubre de 1492 es considerada por muchos como uno de los
acontecimientos más importantes de la Historia tanto por las consecuencias positivas como negativas que se presentaron en lo político, en lo
económico, en lo social y en lo cultural. De hecho, se trata de un episodio de
la Historia que no deja de generar profundas reflexiones tanto en el lado
europeo como en el americano.
En síntesis, el ‘descubrimiento’ daría paso a la
conquista y a la posterior colonización del nuevo continente así como a
la integración global de la Humanidad. Otra importante consecuencia
fue la gran difusión de los productos desarrollados por las culturas americanas
así como la explotación de las materias primas y de los recursos naturales.
Asimismo, también supuso una gran expansión de la
navegación y del comercio a niveles jamás conocidos hasta entonces. Por último,
cabría hacerse una última pregunta ¿Qué
hubiera sido de la lengua de Cervantes si América no hubiera sido descubierta
por los españoles?
Jorge Pisa Sánchez
No fue difícil escoger
el descubrimiento de América (1492) como uno de los acontecimientos más
importantes de la Historia. La ampliación de los límites del mundo conocido
(para las sociedades del ámbito mediterráneo, claro está); el hallazgo de
nuevos pueblos que poseían una historia y una cultura totalmente diferente a la
conocida hasta entonces; y la confirmación de que el mundo en vez de plano era
redondo, debió conllevar consigo, seguro, una revolución en la forma de considerar la realidad y la esencia humana tal como se conocía hasta
entonces.
Por el lado americano, por desgracia, conllevó
el inicio de la
destrucción de toda una serie de pueblos y culturas que se habían desarrollado en el “nuevo
continente” durante miles de años, las consecuencias de lo cual aún las
vivimos, y las viven, en la actualidad. Un acontecimiento, en definitiva, digno
de dar inicio a una nueva etapa en la historia del hombre.
David Barreras
Puede que los vikingos llegaran
antes, al parecer entorno al siglo X. Es más, realmente América fue descubierta por sus primeros pobladores, es decir, los antepasados de los amerindios,
quienes, según afirman ciertas teorías, procederían de Asia. No obstante, la
llegada de los españoles a finales del siglo XV fue más allá de la simple
exploración. A partir de entonces dos
mundos totalmente distintos se pondrían en estrecho contacto. Un nuevo continente había sido descubierto para
Occidente, para que los emergentes reinos de España y Portugal se acabaran
erigiendo en imperios coloniales. Y es que, a partir de que aquel 12 de octubre
de 1492 un marinero llamado Rodrigo
de Triana gritara la
palabra “¡tierra!”, el continente americano fue colonizado y sus recursos
explotados hasta la extenuación. Fue entonces cuando España y Portugal
experimentarían su despegue definitivo. Y más tarde se unirían otras potencias,
como Inglaterra y Francia. El mundo sin duda no sería como hoy lo conocemos
si Colón no se hubiera empeñado en llegar a Cipango por
el oeste.
[Este
artículo, titulado entonces ‘Descubrimiento de América, 1492’, fue
publicado en Anatomía de la Historia el 2 de mayo de 2013]



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