La poeta Louise Glück escribió que "miramos el mundo una única vez, en la infancia. El resto es memoria". ¿Veis como no podemos fiarnos de la memoria? Ni de los poetas.
Con el pasado
tenemos un problema. La memoria y el mito, ese es el
problema: no podemos sino vilipendiar a quienes sólo quieren apoyarse en la
memoria: ¿la memoria de quién? Lo que se necesita es Historia, ella crea
la memoria de las sociedades. Lo que se necesita es que la Historia sea
divulgada, accesible. Y que tenga el reconocimiento que la sociedad civil
merece.
No podemos comprendernos sin comprender
el pasado, pero NO SOMOS EL PASADO.
Analizar el pasado como lo que fue, no
como lo que querríamos que hubiera sido. Eso es escribir HISTORIA. Porque lo
que hay que preguntarse es lo que se pregunta el historiador Juan Sisinio
Pérez Garzón, ¿para qué sirve el saber histórico en la sociedad global:
para comprender o para juzgar?
Pérez Garzón, como Juan Pablo Fusi,
por poner otro ejemplo, son de los historiadores que saben que la memoria y
el deseo están muy bien para la poesía, pero casan, juntas, muy mal con lo
que buscamos quienes estudiamos el pasado para explicárselo a la sociedad civil
y que así le sirva a ésta para imaginar cómo deberíamos actuar en el presente
y, quizás, en el futuro.
La Historia trata de entender lo
que le viene ocurriendo, lo que le ha ocurrido, al ser humano. Procura
comprender esos fenómenos, no de guiarlos. Aunque al comprenderlos, de alguna
manera entronca con la ética y ayuda a guiar esos fenómenos, esos
comportamientos.
Lo
incomprensible, lo injustificable y lo inadmisible: ¿sabemos distinguirlo? Para
diferenciar lo incomprensible de lo injustificable y de lo inadmisible
usamos la Historia y nos defendemos con la ética.
El
ser humano sobrevive gracias a un milagro (tras otro):
a eso es a lo que llamamos historia, que es lo que los historiadores llevamos
siglos tratando de comprender. Y explicar. Saber qué diantres es un milagro es
nuestra gran tarea. Para eso escribimos Historia.
Si
no estás contando nada no estás narrando. Y si no estás narrando, ¿para qué
escribes? Si no narras, entonces escribes para lucirte, para hacer creer
que la belleza existe fuera de la belleza, y también para enseñar cosas que los
demás no saben y deberían. Si no haces nada de eso, ¿para qué escribes?
¿Cuando
hablamos de los grandes olvidados, no estamos hablando en
ocasiones de todos los que nunca fueron demasiado a ojos de nadie? ¿No sería
mejor decir los grandes ninguneados?
La
historia no olvida nada, si acaso es la Historia la que olvida… Pero tampoco. Los
que olvidamos somos los historiadores, y más a menudo la sociedad civil.
Bienvenido al
presente, bienvenido al pasado, bienvenido al futuro.
Todo está siendo, ha sido, será, mientras tanto. Mientras lees esto.
Las
guerras siempre estuvieron ahí. Desde la noche de los tiempos. Son más
comunes que los festivales musicales o que las casas adosadas. La guerra es la
pandemia humana más habitual.
Este texto
pertenece a mi artículo ‘Lo que necesitas es Historia’, publicado el 25
de febrero de 2022 en Nueva Tribuna, que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.
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