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La belleza de la amistad y la fuerza de los orígenes: Chavalas


Una puede salir de su barrio, incluso querer huir de él, pero a una ese barrio se le queda pegado en el alma y una no sabe que es muy probable que siempre le acompañe. De eso va Chavalas, la excelente película española de cabalísimos 88 minutos de precisa duración dirigida en 2021 por Carol Rodríguez Colás, que aprovecha muy acertadamente el gran guion que escribe su hermana Marina e indica perfectamente el camino actoral a las cuatro grandísimas protagonistas del largometraje, brillantemente encabezadas por Vicky Luengo: Carolina Yuste, Elisabet Casanovas y Àngela Cervantes, muy bien acompañadas por Ana Fernández, José Mota, Mario Zorrilla y Cristina Plazas.


Fotografiada por Juan Carlos Lausín, la divertida y a ratos conmovedora comedia que es Chavalas fue candidata a dos Premios Goya: a la Mejor dirección novel y a la Actriz revelación (Cervantes).

Suscribo cada una de las siguientes palabras de Oti Rodríguez Marchante para ABC: "el argumento está humedecido de vivencia (...) Vicky Luengo, Carolina Yuste, Elisabet Casanovas y Ángela Cervantes (...) se meriendan hasta la última miga del bocata de realidad que es la película”.


No estoy de acuerdo con otro crítico cinematográfico, Carlos Boyero (El País), para quien Chavalas "es una película leve e irregular, aunque también visible y audible, en posesión de cierta gracia y con actrices que funcionan", pues creo que las actrices funcionan, como dice él, hasta crear el interés magnífico de un film bien escrito y lleno de la gracia necesaria de toda buena comedia. Y eso es lo que ve Beatriz Martínez: cuando escribe de la película de las hermanas Rodríguez Colás para El Periódico que es "una comedia luminosa, costumbrista y muy generacional (...) Abajo la impostura (...) y arriba la frescura, la honestidad, las películas pequeñitas y sin pretensiones que tienen un poco de alma”. Una película que, como la leo a Eulàlia Iglesias en El Confidencial, "supera el peligro de quedarse en la mirada superficial y facilona al conflicto centro-periferia (…) un poderoso retrato del barrio que huye (...) de las estigmatizaciones”.

Una película que cualquiera que se haya criado en un barrio y haya regresado a ese barrio en el que se crio para disfrutarlo valorará muy por encima de quienes hayan huido aterrados de sus orígenes y se hayan desvanecido en el sueño de una realidad que nunca, o casi nunca, es de verdad. 

Una película que crece a medida que uno la ve. Y en la que uno encuentra escenas verdaderamente memorables a lo largo de su recorrido tan vivencial.

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