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El fútbol es un asunto de equilibrios


En 1967, el periodista deportivo argentino Dante Panzeri escribió el libro Fútbol, dinámica de lo impensado. Cuarenta y cuatro años después, en 2011, la editorial Capitán Swing Libros lo volvió a publicar, añadiéndole dos presentaciones (a cargo de Santiago Segurola y Ezequiel F. Moores) y dos epílogos: uno escrito por el filósofo español Andrés de Francisco y otro por Sebastián Kohan Esquenazi.

El epílogo de De Francisco lleva por título ‘Fútbol y pedagogía: una reflexión a partir de Panzeri’. Trataré de ser breve en el resumen de estas 17 páginas.

En el fútbol, afirma De Francisco, destaca como fundamental su utilidad (se juega para ganar), pero también su dimensión estética, sus pretensiones de belleza (esa “promesa de felicidad”. Aunque, como en la vida, lo útil tiene prioridad ante lo bello, el reto del fútbol es resolver esa tensión mediante un buen equilibrio entre lo bello y lo práctico.

 

        “La belleza es lo extraordinario en el fútbol”.

 


¿Cuál es el objetivo más deseable del ejercicio del fútbol? Para De Francisco está claro: la belleza práctica es la finalidad esencial del fútbol como competición, como deporte, como juego… Como espectáculo, también.

Pero, el fútbol aún es algo más:

 

        “Es un juego atravesado de moralidad, tiene ética”.

 

Otro de los equilibrios necesarios de ese juego espectacular al que llamamos fútbol es el que se da entre lo colectivo (es decir, la entrega y la cooperatividad) y lo individual.

El fútbol es un asunto de equilibrios. ¿Como todo en la vida?

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