La misión de los historiadores es comprender las diferencias entre el presente y el pasado y explicar por qué son importantes.
Los
historiadores queremos explicar qué queda del presente en el pasado. Y
viceversa. Sobre todo, viceversa.
Los
historiadores analizamos cuanto tiene que ver con el pasado por medio de una
herramienta, una disciplina, un oficio: la Historia.
Los
historiadores hemos de lograr que nuestra disciplina siga siendo, o lo sea de
una vez, una ciencia humana crítica que tiene una misión pública. Hemos de
revertir la pérdida del sentido de finalidad pública de la Historia. Pero para
ello, hemos de estar dispuestos, como escribiera en 1912 el historiador
estadounidense J. Franklin Jameson, “a mirar más allá de las ventanas de
nuestro despacho y pensar en la Historia, no como la propiedad de un reducido
gremio de colegas de profesión, sino como la legítima herencia de millones de
seres humanos”.
Lo que el oficio del
historiador propone es una mirada profesional al presente desde la perspectiva
histórica, desde la perspectiva que da el estudio del pasado. A lo que aspira nuestra
disciplina es a entender el presente por su génesis, analizando no sólo los
acontecimientos sino también los procesos sociales.
La necesidad que los
humanos tenemos de entender el presente es lo que origina la explicación
histórica.
Tenemos todo el pasado por
delante. Todos. Los historiadores, primero.

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