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Mágico DjangoAlbertWoody GonzálezReinhardtCamusAllen

No tuve tiempo de escribir aquel cuento en el que aseguraba yo a unos amigos que Mágico González había jugado en el Barsa. El cuento en el que acababa creyendo que todo había sido un sueño. Un sueño de esos que se queda en alguna parte de nuestros cerebros dañados para que luego hagamos con él lo que nos dé la real gana. Y no tuve tiempo porque antes, cuando habría querido escribir el cuento en el que yo aseguraba que el futbolista Mágico González había jugado en el Barsa, me puse a escribir otro cuento. Este cuento…

(Y el genialoide escritor de arabescos salvadoreño despareció mágicamente de mi literaria memoria de pez.)

Django Reinhardt jugó un partido de fútbol. Un partido de fútbol que terminó en infarto. Su equipo no se llamaba Quintette Du Hot Club de France. Fascinado, aquel niño que asistió fascinado a ese encuentro prefirió llorar antes que olvidarlo. Un llanto de pasión resbalando electrizante por las cuerdas enamoradas de la guitarra de aquel gitano que leía a Albert Camus y escuchaba la gloria en las almas de las personas. Aquel niño llevaría años más tarde todo aquel sueño a las pantallas, convirtiendo en oro cinematográfico la única parada que Django pudo hacer en todo el partido. Una parada atónita de sí misma. Paralizada en su paroxismo. Artísticamente artrítica. ¿Qué va a ser de ti, guitarrista de la felicidad? Esa película en la que los ojos de un niño iluminan una portería barrial de fútbol para mostrar todas las utopías de los seres humanos en 75 minutos de arte fotografiado en movimiento, esa película es hoy un magnífico rescoldo de cuanto las vidas atónitas del siglo XX fueron capaces de preservar en la noche enorme de una especia animal en permanente huida del hambre. Preservar para la dicha. Aunque sólo sea un instante. Un instante tras otro. A borbotones de estilo humano. Ni Woody Allen lo habría podido hacer mejor.

(Y el genialoide escritor de arabescos salvadoreño reapareció mágicamente así en mi literaria memoria de pez electrocutado.)


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