Porque, después de revisar del derecho y del revés los
libros de historia tienes la sensación de que el mundo era solamente de hombres.
Alguna reina. Alguna monja ilustre. Alguna bruja desdichada. ¿Y las demás?
Posiblemente lavando, cocinando, arando, cosiendo. Entre un César o un Napoleón
y una mujer de su casa, puedo entender que los editores escogieran a aquellos
recios soldados. Eran más atractivos, sus vidas más apasionantes.
Pero resulta que rascando, rascando, descubrí un día
que, más allá de Isabel la Católica, Leonor de Aquitania o Santa Teresa de
Jesús (sin menospreciar su papel en la historia) hubo algunas mujeres, muchas me
atrevería a decir, que quisieron salir de aquella rutina de lavar, cocinar,
arar, coser… Vamos, que sacaron los pies del tiesto y a su currículum exiguo
de esposa y madre quisieron añadir otras capacidades tales como la escritura,
la pintura, la ciencia.
Las mujeres no han destacado porque no se las ha
dejado. A pesar de que grandes eruditos de la talla de Aristóteles se empeñaran
en repetir cual letanía que las mujeres eran inferiores, no tenían alma,
eran las culpables del pecado en el mundo, eran más débiles, inestables y una
retahíla inacabable de lindezas, a pesar de tamaña mentira mantenida durante
siglos, las mujeres consiguieron desmontar aquella absurda teoría.
Cuando hace ya cinco años se me ocurrió la ilusa idea
de crear un blog dedicado a rescatar la historia de mujeres que hubieran dejado
su huella en la historia (Mujeres en la Historia), no me
imaginé que llegara a aglutinar a más de quinientas escritoras, pintoras,
reinas, espías, astronautas, filósofas… y la lista de nombres pendientes de
devolver a la actualidad crece cada día. Así que he decidido continuar con mi
particular cruzada en favor de las mujeres. Una cruzada que ahora ha dado
un pequeño gran paso y ha saltado de las paredes de mi humilde espacio virtual
a un ensayo histórico dedicado a aquellas mujeres excepcionales que vivieron en
la Edad Media.
Mujeres silenciadas en la Edad Media es un sueño hecho realidad gracias a Punto de Vista y su editor, José Luis
Ibáñez Salas. Escogí esa época concretamente porque fueron unos siglos especialmente
misóginos, virulentos hacia las mujeres pero que, sin embargo, no amilanaron
las voluntades de verdaderas heroínas de su género.
Me atrevería a pensar que alguna de aquellas mujeres
que sufrieron la obsesiva misión de muchos hombres por pisotear a la mitad de
la humanidad, en algún momento se preguntaran quiénes eran y por qué merecían
semejante trato. Y detrás de la gran pregunta ¿Quiénes somos las mujeres?
Ellas decidirían contestar que eran seres humanos capaces de crear versos
igualmente hermosos que los trovadores, curar enfermedades con la misma
eficacia que los doctores u opinar sobre los grandes conflictos militares como
un estratega más.
Dijo Cristina de Pizán, quien tiene su lugar en
mis Mujeres silenciadas en la Edad Media, allá por el siglo XIV que si
la “gente se molestara en buscarlas, encontraría muchas mujeres
extraordinarias”. Me pareció un buen consejo, que por suerte muchos
historiadores y apasionados del pasado han empezado a seguir desde hace un
tiempo.
Mujeres silenciadas en la Edad Media es un
humilde homenaje a aquellas mujeres que se enfrentaron al insulto, el
ostracismo social, la excomunión religiosa o, en el peor de los casos, la
muerte. En este panorama poco favorable, la Edad Media nos legó las historias
de curiosas mujeres como la misteriosa iluminadora Clarissa, la cada vez
más conocida Hildegarda de Bingen, la trovadora Beatriz de Dia o
la doctora Jacoba Felicié. Nombres que demuestran que las mujeres
también podían ser capaces de hacer cosas grandes. Con el agravante de
que lo hicieron mientras quitaban de su camino las muchas piedras que les
hombres les pusieron.
Si los que quieran adentrase en mis Mujeres silenciadas en la Edad Media
disfrutan la mitad que yo he disfrutado desempolvando sus historias, me daré
por satisfecha.
[este texto apareció por vez primera en enero de 2016 en el ya desaparecido blog que yo dirigía para Punto de Vista Editores]


Muchas felicidades, Sandra, has hecho un trabajo estupendo que nos inspira!
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