En noviembre del año 1936, en
medio de lo que ya está siendo la Guerra Civil española, el día 4, ante el
avance de las tropas rebeldes sobre las cercanías de Madrid, el Gobierno del
socialista Francisco Largo Caballero se refuerza haciendo entrar en él a cuatro
militantes de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Las Brigadas
Internacionales llegan en ayuda de las fuerzas leales.
Dos jornadas más tarde, el
gabinete abandona Madrid y se dirige a Valencia, que pasa a ser la capital de
la República. El general José Miaja, al
frente de la Junta de Defensa de Madrid, se hace cargo de proteger la ciudad, y
le encarga al teniente coronel Vicente Rojo la organización y planificación de
la misma.
Llegado el día 7, la que va a
ser conocida como batalla de Madrid ya ha comenzado. Se inician las llamadas
matanzas de Paracuellos, los asesinatos masivos llevados a cabo cuando se
producían los apresurados traslados de presos desde diversas cárceles
madrileñas, durante el asedio rebelde. Los municipios madrileños de Paracuellos
de Jarama y Torrejón de Ardoz fueron el escenario de estas aniquilaciones
perpetradas ante el descontrol de los responsables de la Junta de Defensa, las
más sanguinarias de cuantas acontezcan en territorio republicano.
Los rebeldes reciben el día
15 la ayuda de los primeros efectivos de la Legión Cóndor, una fuerza militar
nazi mayoritariamente aérea. Tres días después, la Alemania nazi y la Italia
fascista reconocen oficialmente al Gobierno franquista.
El anarquista Buenaventura
Durruti es herido en el frente madrileño, probablemente por fuego amigo. Es el
día 19. Fallece al día siguiente, y se convierte de inmediato en una figura de
extremo valor simbólico para buena parte de los partidarios de la revolución y
del combate contra los sublevados franquistas. Casualmente, ese mismo día 20 de
noviembre, el fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, encarcelado
por posesión ilícita de armas desde el mes de marzo, es fusilado en la prisión
republicana de Alicante (aunque sus dirigentes tardarán meses en hacer público
el óbito, mientras se incorpora al martirologio de los sublevados).
El 23, Francisco Franco decide
renunciar al ataque frontal sobre Madrid.
Cinco días más tarde se
produce la firma del Acuerdo Hispano-italiano, el primer tratado internacional
de la España “nacional”.
[Adaptación de un texto
extraído de mi libro El franquismo (Sílex, 2013)].

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