Vas a necesitar viajar.
No lo sabes. Yo sí, y te lo digo ahora. Lo vas a necesitar. Hacer un viaje a
algún sitio inventado. O real. No es necesario que sea un mundo. Basta con que
le dé para ser un lugar. Un simple lugar.
No precisa ser tan imponente como el
Ordesa del norte de España, y mucho menos aún tan majestuoso como el Ordesa de Vilas, ese gigantesco universo de patrias a las que les basta con ser una vida.
Nada más. Un lugar como tu barrio cuando se acababan los veranos, o como
Suances cuando los veranos se consentían nacer y morir a los pies de sus playas
y sus praos.
Necesitarás llevar a cabo
ese viaje para que regreses de una vez. No sé si me explico. Sin llegar allí, no
serás capaz de verte completo, de sacar de los bolsillos los cadáveres de
insectos que envuelven tus dimes y diretes como si no fueran tan atávicos. Sin
llegar a ese lugar no lugar exclusivo, únicamente quedará de ti el futuro, nada
de presente, nada de pretéritos lunáticos. Nada de ti. Nada de nada.
Pronto entenderás que
sólo con el futuro no se puede ir a ninguna parte.

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