
Es la primera vez que
leo a Vilas, el escritor aragonés casi de mi edad, y eso es algo que me ha
resultado imperdonable al leer su deslumbrante Ordesa, pero me lo
voy a perdonar. Porque tras leer este libro imprescindible casi soy capaz de
perdonarme todo. Literariamente hablando. Poeta y narrador, Manuel Vilas ha
escrito una hermosa y dolorosa y asombrosa y poderosa y cautelosa poesía que ha
sabido ocultar dentro de una hermosa y dolorosa y asombrosa y poderosa y
cautelosa narración que finaliza con lo que a mí me ha parecido lo peor de
ella, varios poemas. Lo peor es aquí no decir gran cosa, porque esos poemas que
a mí me han sobrado son magníficos poemas de un escritor que escribe como si su
alma ya no fuera del todo suya.
Porque, digo yo, ¿no
es mejor poema este párrafo de prosa excelsa que cualquiera de las poesías que
rematan el volumen?
“Mi corazón parece un árbol negro lleno
de pájaros amarillos que chillan y taladran mi carne como en un martirio.
Entiendo el martirio: el martirio es arrancarse la carne para estar más
desnudo; el martirio es un deseo de desnudez catastrófica”.
La desnudez. La
desnudez de Vilas es tan absoluta en buena parte de su libro que en ocasiones
espanta. Y, para abandonar ya el asunto de la relación de la poesía con Ordesa,
volviendo al párrafo citado recientemente, ¿no habría sido un admirable poema
oscuro si se hubiera presentado así?
“Mi corazón parece un árbol negro
lleno de pájaros amarillos
que chillan y taladran mi carne
como en un martirio.
Entiendo el martirio:
el martirio es arrancarse la carne
para estar más desnudo;
el martirio es un deseo
de desnudez catastrófica”.
lleno de pájaros amarillos
que chillan y taladran mi carne
como en un martirio.
Entiendo el martirio:
el martirio es arrancarse la carne
para estar más desnudo;
el martirio es un deseo
de desnudez catastrófica”.
Ordesa es, y lo digo ya, una novela sobre la ausencia, un poema con forma de
novela sobre lo que se ha tomado conciencia de que ya no es lo que fue y ahora
no es nada. Para Vilas, para el dolorido narrador de Ordesa, la
vida es “servir a la vida”, es “derrotar a la soledad”, porque para el poderoso
poeta de Ordesa, mientras vives, “o ves morir o te ven morir”.
Este texto
pertenece a mi artículo ‘Manuel Vilas proclama la Ley Ordesa’, publicado en Nueva Tribuna el 3 de junio de 2018.
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