
¿Qué clase de hombre soy
yo?
yo, que me visto por los
pies,
que olvidé todas las
oraciones,
las de Dios, digo,
yo, que leo los libros
que leo,
que escucho la música que
escucho,
que escribo las palabras
que escribo,
yo, que vivo en las
tardes y en las mañanas
y en las noches de ella,
yo, que crecí despacio a
toda velocidad,
sin demasiados remilgos,
con la dignidad necesaria
para asumir
la realidad,
esta de hoy y la que ya
no es,
yo, que sé algo de
traumas
y mucho de la risa
inabarcable,
purificadora, esa que nos
distingue
de verdad de las piedras
y las plantas
y hasta de los animales
animales,
yo, que he aprendido
pocas cosas
pero muy útiles
y muchas pero muy
inútiles,
yo que procuro enseñar lo
que sé
e incluso lo que no sé,
esto es lo que mejor se
me da, que conste,
yo, que voy camino de
cumplir cincuenta y cinco años,
pero que antes tuve
cinco, y trece y veintitantos
y cuarentayocho,
yo, que te puedo mirar a
los ojos,
que te puedo escuchar,
entender,
comprender, eximir,
liberar,
yo, que soy el padre de
Arturo y María,
y que sé por tanto mucho
sobre tesoros y futuro,
yo, que estoy ahora
disfrutando
de las canciones de John
Mellencamp,
yo, que quiero acabar
este fin de semana
de leer el Blonde de JCO
para poder contártelo,
yo, que echo de menos no
haber sabido
escribir canciones,
para luego interpretarlas
como lo que son,
la más perfecta expresión
del alma humana,
de la sangre humana,
del mineral acertijo
donde nos escondemos
cuando no escribimos
poemas así.
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