¿Qué es una película,
cinematográficamente hablando? Muchos hijos, un mono y un castillo, del español Gustavo Salmerón (García es su primer apellido, oculto
artísticamente), ganó el Goya al Mejor Documental del año 2017, pero yo la he
visto como si fuera una película. Una película de ficción, entiéndeme. ¿Es
ficción esa pequeña obra de arte que hizo Gustavo con su madre Julita, sus
hermanos, su padre…? No. Pero es tan real que parece ficción. Es tan creíble,
tan competente desde el punto de vista argumental, que habría merecido competir
aquel año por el Goya a la Mejor Película. Sin más. Ahí lo dejo.
Julita Salmerón conserva algunos de
los huesos de su abuela asesinada durante la Guerra Civil y muchas otras cosas.
Su memoria del afecto y el dolor por no saber mostrarse más cariñosa. Su
capacidad de amar y su sentido del humor. Y la vida. Julita es un regalo
cinematográfico que su hijo Gustavo aprovecha con una habilidad de genuino
genio para la comedia, para el cine memorialístico y para el arte de contar
historias que bien podrían haber sido ciertas. Aunque no lo hayan sido. No sé
si me explico.

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