El nuevo Gobierno español
ha decidido separar en su estructura la educación propiamente dicha de las
enseñanzas superiores.
Es decir, ha ‘trasladado’
organizativamente las universidades a un ministerio más técnico, más científico.
Y ha dejado en un ministerio
propiamente de Educación a la educación que prima el desarrollo esencial de
ciudadanos competentes civil, laboral y éticamente sobre la (universitaria,
es decir la) de los investigadores, los sabios, los generadores de la alta
cultura con la cual mejorar la calidad de la vida en sociedad para que ésta sea siempre libre y benéfica.
Como remate esperanzador,
en el nombre de ese Ministerio de Educación, el Gobierno presidido por el socialista Pedro Sánchez ha añadido algo que ya está
incluido en la palabra ‘educación’, la Formación Profesional, con el loable
objeto de ‘visibilizar’ por fin esta última como merece y como necesitamos los
españoles.
Doy la bienvenida al
Ministerio de Educación y Formación Profesional. Y me felicito… por lo que me
toca.
[La primera ministra de
Educación y Formación Profesional es Isabel Celaá.]

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