Hay otro 2 de mayo en la historia de España,
eclipsado por el de 1808. Ese otro 2 de mayo tuvo lugar en 1866, durante el
reinado de Isabel II.
Y lo que ocurrió entonces fue una batalla en el mar, un combate naval pues, el del Callao. Es hoy esa ciudad la capital de la Provincia Constitucional del Callao; y su puerto, escenario hace más de 100 años de la lucha, el más importante de Perú.
El combate del Callao es la última batalla de la primera guerra del Pacífico, que había comenzado en 1864 y que enfrentaba a España, la antigua metrópoli, con Chile y Perú (también de algún modo con Bolivia y Ecuador, que no llegaron a combatir realmente). Vayamos un momento a territorio español, donde el general Leopoldo O’Donnell había regresado a la presidencia del Gobierno en 1858 e iniciado en los cinco años que siguieron una inusitada actividad exterior que le llevó al triunfo en la guerra de Marruecos (1859-1860), y a intervenir en las lejanas Cochinchina (1858-1859), México (1862) y República Dominicana, anexionada temporalmente en 1861. Y, en abril de 1864, a las ricas en guano islas Chincha, pertenecientes a Perú pero reclamadas por España como garantía de la deuda de este país.
El del Callao, más que un combate fue un bombardeo, el que efectuara sobre aquel puerto fortificado una escuadra española que, tras partir de la península Ibérica en 1862 sin unos objetivos definidos, arribaba el 25 de abril de 1866 a las inmediaciones del puerto del Callao, cuando las negociaciones diplomáticas entabladas para solventar las reclamaciones españoles parecían abocadas al fracaso.
Y ahora es cuando viene eso de “España prefiere honra sin barcos que barcos sin honra”, la frase que dijo –o dicen que dijo– el almirante Casto Méndez Núñez cuando la escuadra bajo su mando decidió ignorar las amenazas de los buques británicos y estadounidenses que patrullaban la zona y proceder al bombardeo que dio en llamarse combate, de resultado incierto pues los dos contendientes acabaron por decirse victoriosos al final. El caso es que los barcos españoles acabaron retirándose. (Habría que esperar hasta 1879 para que españoles y peruanos sellaran acuerdos definitivos y a 1883 para que España hiciera lo propio con Chile.)
Y sí, la céntrica plaza del Callao de la capital de España se llama así por aquel… lo que fuera.
Y lo que ocurrió entonces fue una batalla en el mar, un combate naval pues, el del Callao. Es hoy esa ciudad la capital de la Provincia Constitucional del Callao; y su puerto, escenario hace más de 100 años de la lucha, el más importante de Perú.
El combate del Callao es la última batalla de la primera guerra del Pacífico, que había comenzado en 1864 y que enfrentaba a España, la antigua metrópoli, con Chile y Perú (también de algún modo con Bolivia y Ecuador, que no llegaron a combatir realmente). Vayamos un momento a territorio español, donde el general Leopoldo O’Donnell había regresado a la presidencia del Gobierno en 1858 e iniciado en los cinco años que siguieron una inusitada actividad exterior que le llevó al triunfo en la guerra de Marruecos (1859-1860), y a intervenir en las lejanas Cochinchina (1858-1859), México (1862) y República Dominicana, anexionada temporalmente en 1861. Y, en abril de 1864, a las ricas en guano islas Chincha, pertenecientes a Perú pero reclamadas por España como garantía de la deuda de este país.
El del Callao, más que un combate fue un bombardeo, el que efectuara sobre aquel puerto fortificado una escuadra española que, tras partir de la península Ibérica en 1862 sin unos objetivos definidos, arribaba el 25 de abril de 1866 a las inmediaciones del puerto del Callao, cuando las negociaciones diplomáticas entabladas para solventar las reclamaciones españoles parecían abocadas al fracaso.
Y ahora es cuando viene eso de “España prefiere honra sin barcos que barcos sin honra”, la frase que dijo –o dicen que dijo– el almirante Casto Méndez Núñez cuando la escuadra bajo su mando decidió ignorar las amenazas de los buques británicos y estadounidenses que patrullaban la zona y proceder al bombardeo que dio en llamarse combate, de resultado incierto pues los dos contendientes acabaron por decirse victoriosos al final. El caso es que los barcos españoles acabaron retirándose. (Habría que esperar hasta 1879 para que españoles y peruanos sellaran acuerdos definitivos y a 1883 para que España hiciera lo propio con Chile.)
Y sí, la céntrica plaza del Callao de la capital de España se llama así por aquel… lo que fuera.

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