La Historia va al pasado sin acritud, sumida en un respeto venerable por el puro conocimiento, pero no por el mero conocimiento. Al pasado se va limpio, no para ejercer de árbitro ni traerse a ningún muerto. Y menos a matar a nadie. A eso van al pasado los que no visitan el pasado para buscar, en su destreza de futilidad inane, la hermosura, lo terrible, la ambigüedad, lo mediocre y cuanto en él haya de apariencia mágica o de certeza singular.
Los historiadores de verdad, los que sabemos qué es la Historia y para qué sirve, vamos a lo pretérito para explicarle a la sociedad civil cómo ha llegado hasta aquí. No sabríamos decirla por qué ha llegado a donde ha llegado, pero sí cuáles son las principales causas de que el presente tenga este aspecto inconfundible de realidad extrañamente cercana.
Este texto pertenece a mi artículo titulado 'Los historiadores de verdad', aparecido el 5 de mayo de 2018 en Periodistas en Español, que puedes leer completo en este ENLACE.

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