Residencia estacional de los
monarcas hispanos desde el siglo XVI, el municipio madrileño de Aranjuez, ‘Ciudad
Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad’, a unos 50 km al sur de la
capital, ha sido escenario inevitable de acontecimientos históricos. Y el más
famoso de ellos es el motín que lleva su nombre, conjura nobiliaria y
movimiento popular a un tiempo, acaecido en marzo de 1808 y en la actualidad
motivo de celebración festiva y teatral durante cada septiembre en esa villa
que es además real sitio.
Reinaba en España entonces
Carlos IV, que casi desde su acceso al trono en 1788 había visto cómo su
gobierno se encontraba mediatizado por los acontecimientos de la Francia
revolucionaria.
En noviembre de 1792 nombró
primer ministro a Manuel Godoy, protagonista de la política española en
adelante, salvo el intervalo de los años 1798 a 1801, enfrentado desde 1804 al
heredero regio, el futuro Fernando VII, quien llegó a formar un partido
cortesano para oponerse al seudovalido. La política exterior llevada a cabo por
Godoy se dirigió aquel año 4 hacia la confraternización con el emperador
Napoleón Bonaparte.
La oposición fernandina
estableció una conjura para acabar con el primer ministro que finalmente fue
develada por el propio príncipe de Asturias a su padre en 1807, en los sucesos
que dieron en llamarse proceso de El Escorial. Prueba del grado de implicación
de Fernando en su enemiga al favorito del rey y de su madre la reina (María
Luisa de Parma) es que la cosa no se detuvo ahí. Bien al contrario, y llegamos
así al meollo del asunto.
Los hombres del príncipe
Fernando agitaron de tal manera a los ciudadanos de Aranjuez que lograron que,
enfervorizados contra Godoy, a quien responsabilizaban de la aparente huida de
la Corte a las mismísimas y lejanas Indias ante el avance francés en territorio
español, asaltaron la noche del 17 de marzo de 1808 su palacio, en un intento
decidido de acabar con la vida del favorito regio, que pudo huir finalmente, al
parecer escondido en el interior de una alfombra. El día 19, Carlos IV abdicó
en su hijo, con lo que un auténtico golpe de Estado dentro de la propia casa
reinante, la de Borbón, acababa de triunfar. Y lo que vino después, la entrada
de España en la contemporaneidad.

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