Me
invitaron recientemente a regresar a un grupo de Facebook dedicado a la
Historia. Lo hizo un amigo que es uno de sus administradores. Es además un
historiador-historiador de los que dejan el deseo y la ideología lo más lejos
posible cada vez que van a entender el pasado para explicárnoslo. Regresé
porque creí que las razones por las que me había marchado ya no eran
suficientemente importantes. Me parece que me he equivocado.
Es
absolutamente acongojante que existan idiotas que participan en grupos donde no
están obligados a permanecer sólo para mostrarse radicalmente contrarios a su
funcionamiento e incluso a su misma existencia. Y lo peor de todo es que, en
algunos casos, en aquellos en los que estos trolls nauseabundos se identifican
mínimamente, parecen ser personas a los que muchos los tienen por historiadores.
Es
algo terrorífico, en serio. Que existan historiadores profundamente
ideologizados que cuentan con la anuencia de muchos otros historiadores e
incluso con algunos lectores que ven en ellos la justificación de su forma de
entender el mundo encajonado entre malos y buenos, ya es suficientemente horrible,
pero que encima se dediquen a boicotear los intentos de socializar el
conocimiento de los que vemos en el oficio de historiador una hermosa y útil manera
de refutar la estulticia y las falacias, eso, eso ya es verdaderamente siniestro.

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