El remoto planeta
Mantis alberga el Oráculo de Hawking. Nadie sabe la razón del tal nombre,
pero este detalle no importa, porque la veracidad de sus pronósticos es
innegable. El Oráculo propiamente dicho es a un tiempo espectacular e
insignificante: un agujero negro microscópico contenido en una esfera de fuerza
electromagnética. Invisible por definición, incluso si fuera lo bastante grande
para poder contemplarlo a simple vista, es ésta otra particularidad que a nadie
preocupa, pues sólo los miembros de la casta que guarda, mantiene e interpreta
los mensajes tiene acceso al santuario (este es el nombre que le dan los viajeros
de otros mundos al alojamiento del Oráculo: una civilización tecnológica como
la de Mantis jamás usaría esta denominación).
El Oráculo de Hawking no es una de tantas patrañas religiosas que atestan la Galaxia: sus profecías están garantizadas por una base científica rigurosa. La radiación del agujero negro, ajeno al tiempo, emite información al exterior. Es una evaporación lenta, pero constante, cuya función de onda puede ser descodificada por una raza, la de Mantis, que es sin duda la más avanzada de toda la Vía Láctea. Un largo historial de aciertos reivindica la exactitud del Oráculo y por eso visitantes de innumerables planetas acuden a Mantis en busca de profecías que les ayuden, despreciando la lejanía y, sobre todo, el elevado precio que se pone a los vaticinios.
Mensajes que brotan de manera aleatoria y que pueden versar sobre cualquier cosa, desde el pasado lejano del propio Mantis al futuro, muy a largo plazo, de mundos situados a miles de años luz. No se sabe por anticipado qué surgirá del horizonte de sucesos en cada momento, ni tampoco si tendrá alguna utilidad, pero —y esto resulta muy sorprendente— es un detalle más que tampoco parece tener importancia. Los mensajes del Oráculo suelen ser oscuros, repletos de ruido, y cuando se refieren al futuro (que es lo que interesa a la mayoría) esto sólo se sabe con certeza cuando todo ha sucedido ya. Cada confirmación de cada profecía del Oráculo es siempre espectacular y aumenta el prestigio de Mantis en la Galaxia.
El agujero negro contiene todo lo que hay que saber, incluida la información sobre su propio funcionamiento y la certeza de que conocer el futuro es, en última instancia, un ejercicio fútil: si no puede cambiarse, no sirve de nada anticiparlo; y si se puede, el vaticinio habría sido falso. Si la función de onda que afirma esta verdad de manera irrefutable ha surgido alguna vez desde el profundo misterio de la singularidad (cuyo mecanismo también acabará brotando del agujero negro), no lo sabremos nunca, porque la casta encargada de cuidar el Oráculo es celosa del poder que le dan sus secretos.
Este relato de Lechado apareció anteriormente, el 8 de septiembre de 2015, en el ya desaparecido blog que yo dirigía para Punto de Vista Editores.

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