Desquiciante.
Abrumador.
A punto de ser necesario,
no obstante.
Un mundo que se resiste a
dejar de ser lo que imaginó que estaba siendo aparece envuelto en el misterio
de la literatura casi impenetrable, en una trilogía que nunca leeré completa.
Ramiro Pinilla me tenía
encandilado desde hace muchos años.
Tengo que leer su
trilogía vasca, tengo que leer su trilogía vasca, me decía. Y me puse a ello,
pero...
Me quedé convulso en la
tierra convulsa que la inaugura.
Excesivo el exceso, he
acabado literal y literariamente exhausto.
Sé que habrá quien me
diga que a qué viene todo esto si estamos ante una obra mayor. Y no lo pongo en
duda, es una obra mayor, una obra mayor que, como le dice uno de los personajes
desquiciados y desquiciantes de la novela a otro de los personajes desquiciados
y desquiciantes de la novela, no es para mis nervios.


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