Willie Dixon fue una figura central del blues y Oscar Peterson uno de los grandes pianistas de jazz. No exagero si digo que los dos fueron auténticos gigantes de la música afroamericana del siglo XX. Son parte esencial de la gran tradición musical afroamericana de la que nacieron el blues, el jazz, el rhythm & blues y, posteriormente, el rock.
Si Dixon (venido al mundo en el estado sureño estadounidense de Misisipi en 1915 y muerto en 1992) fue una de las figuras clave del blues urbano de Chicago, y por ende del blues, sin más, Peterson (canadiense, hijo de antillanos, nacido en 1925 en Montreal y fallecido en 2007) destaca como una de las máximas figuras del jazz desde que el jazz es jazz. Ambos fueron compositores e instrumentistas virtuosos (Dixon destacó como contrabajista, cuya forma de tocar ayudó a definir el sonido del blues eléctrico de Chicago, Peterson lo hizo como pianista) y aportaron una gigantesca montaña de influencia para expandir por el mundo unas formas musicales nacidas en comunidades afroamericanas del norte de América.
Willie Dixon, que compuso más de 500
canciones, solo o en compañía de otros, es más importante aún como compositor
que como instrumentista. Fue el autor de clásicos como Hoochie coochie man
(que grabó por vez primera Muddy Waters, palabras mayores, en 1954), Spoonful
(registrada en un estudio por primera vez por Howlin' Wolf en 1960 y
producida por el propio Dixon), I can't quit you baby (que en 1956 ya
grabara Otis Rush, también producida por su autor; Led Zeppelin
la incluyeron en su álbum de debut de 1969), Little red rooster (de
nuevo fue Howlin’ Wolf quien la grabó primero, en 1962, y dos años después The
Rolling Stones estuvieron en los mismos estudios de Chess para grabarla e
incorporarla a su entonces tan bluesero repertorio) o I just want to make
love to you (que Waters también grabó en 1954, aunque es Etta James
quien de verdad la popularizó hasta hacerla sonar como suya). Otros estándares
del blues suyos son son las conocidísimas Back door man, Close to you,
Bring it on home, I’m ready, You shook me… ¿Te suenan,
verdad?
En el caso de Peterson, pocas de sus composiciones (aunque hizo varios cientos de ellas) llegaron a ser famosas, o digamos singulares dentro del repertorio jazzístico, quizás la excepción es Hymn to freedom (si bien lejos de la notoriedad universal de los grandes estándares del jazz), incluida en el álbum de The Oscar Peterson Trio (integrado también por Ray Brown al contrabajo y Ed Thigpen a la batería), de 1963, Nigh train, la única compuesta por él. Cerraba aquel disco con todo su aroma de jazz primigenio y Peterson la compuso en honor a Martin Luther King: después de que Harriette Hamilton (colaboradora de The Malcolm Dodds Singers, grupo que acompañaba a muchos artistas populares de la época) escribiera la letra un año más tarde, se convirtió en el himno no oficial del Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos. Prestigio más que popularidad tiene otra de sus composiciones: Canadiana suite y los ocho temas que componían el elepé de ese título, un homenaje jazzístico al paisaje canadiense (publicado en 1965, también como The Oscar Peterson Trio), sin duda su obra compositiva más admirada y prestigiada por críticos y músicos (cuyo reconocimiento, sin embargo, es parecido al de una gran obra de repertorio especializada: muy respetada, poco conocida fuera de los círculos jazzísticos). Nigerian Marketplace es probablemente su composición más conocida de su etapa madura que se convirtió en un clásico de su repertorio en los años ochenta del siglo pasado y muestra su interés por ritmos y sonoridades africanas. La grabación original se realizó el 16 de julio de 1981 durante el Festival de Jazz de Montreux, en Suiza, abría el álbum del mismo título, estaba interpretada por un The Oscar Peterson Trio entonces compuesto por su líder, claro, y Niels-Henning Ørsted Pedersen al contrabajo y Terry Clarke a la batería y evidencia un Peterson en plena madurez creativa (a diferencia de la solemnidad de Hymn to freedom, Nigerian Marketplace es explosiva, africana, diríamos).
Dixon (compositor, contrabajista, productor y arreglista de la escena de Chicago) y Peterson (pianista, compositor y líder de grupo, trío, que definió durante décadas una de las formas primordiales del piano de jazz moderno), considerados figuras canónicas de sus respectivos géneros, tuvieron una enorme influencia en generaciones posteriores, su huella artística es inmensa.
No es de extrañar que recibieran
premios y honores de alta categoría. Dixon fue uno de los 21 primeros en
ingresar en el Salón de la Fama del Blues cuando se inauguró en 1980, quince
años después entró a formar parte del Salón de la Fama del Rock and Roll y en
2015 en el Salón de la Fama de los Compositores. Además, en 1988, su elepé Hidden
charms (producido por T Bone Burnett, con todas las canciones
compuestas por él, en solitario o con otros, una de ellas con su propio nieto, Alex
Dixon: Study war no more) obtuvo el Premio Grammy al Mejor álbum de
Blues tradicional. Peterson tiene ocho Grammys, uno de ellos, concedido en
1997, a la Trayectoria Artística (como solista instrumental), y en 1978 había
ingresado, en su inauguración, junto al violinista y también artista de jazz Guy
Lombardo, en el Salón de la Fama de la Música Canadiense.
A Willie Dixon lo tenemos detrás de buena parte de la edad de oro del blues de Chicago. Grabó, produjo o compuso para figuras como Muddy Waters, Howlin' Wolf, Little Walter, Sonny Boy Williamson II, Koko Taylor, Bo Diddley…
Oscar Peterson, por su parte, tocó con algunas de las mayores figuras de la historia del jazz: Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, Count Basie, Dizzy Gillespie. Ben Webster, Lester Young, Stan Getz, Ray Brown, Charlie Parker, Coleman Hawkins, Roy Eldridge, Buddy Rich , Milt Jackson, Joe Pass, Stephane Grappelli… Fue uno de los pocos músicos que llegó a tocar con una parte sustancial del panteón histórico del jazz, desde Armstrong y Lester Young hasta Joe Pass.
Dixon y Peterson, Peterson y Dixon brillan en el momento en que sus respectivos géneros, el blues y el jazz, el jazz y el blues, alcanzan la excelencia máxima. Para disfrutar del blues en su forma más clásica y poderosa, uno recurrirá a Willie Dixon, seguramente; y si de lo que se trata es de dejarse mecer por el mejor jazz virtuoso y emocionante, es muy recomendable escuchar a Oscar Peterson.
Dos grandes músicos que fueron mucho
más que extraordinarios intérpretes de sus respectivos géneros: trabajaron,
grabaron y crearon con muchas de las figuras tenidas por las más grandes de
toda la historia del blues y del jazz. A la excelencia individual, añadieron su
connivencia artística con los más talentosos de su tiempo.
Por cierto, una vez escribí un poema
en el que Oscar Peterson resplandecía, dice así: Ben Webster es la habitación
donde escucho a Ben Webster y Oscar Peterson es la silla donde estoy sentado
mientras les escucho a los dos, el jazz que huele a jazz y sabe a arena de
siglos desentumece la realidad y la ablanda y la hace opulenta, víctima de su
serenidad de lumbre y tenue rigor imaginario, Ben y Oscar me hablan con la
lengua del aire que respiro mientras ellos hacen sonar la vida con sus dedos y
sus pulmones y sus bocas y sus almas y sus estirpes maltratadas, me hablan a
mí, solamente a mí, a mí que siento ahora mismo cómo lo que fluye en mí es el
candor de brasa de una música y un silencio concernido, el aliento de todos los
dioses, la víspera de todo lo que puede ser el detenerse de mis sentidos ahora
que sin esfuerzo son todo cuanto saben ser, sangre, ritmo y jazz, una emoción
inagotable.
Tendré que escribir uno en el que Willie Dixon nos devuelva a otra vida. De momento, termino añadiendo que Dixon fue durante mucho tiempo el principal asistente de grabación y producción de la mítica compañía discográfica estadounidense Chess Records, una de las fundamentales en la historia del rock and roll, desde su capacidad para crear y vender estándares del blues (que no es raro que sea considerada habitualmente como la casa discográfica más importante de la historia del blues).

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