La izquierda ha permitido que la derecha se apropie de la idea de España y eso le va a costar las elecciones. Su vetusto anticlericalismo y el wokismo (cultura de la cancelación, lenguaje inclusivo, teoría queer) también le van a cobrar un peaje. El concepto de nación y la inquietud espiritual no deberían ser patrimonio de los partidos conservadores, sino formar parte de un ideario progresista y abierto al diálogo.
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| Estandarte presidencial de la Segunda República Española con las siglas M y A, de Manuel Azaña. |
Manuel Azaña, presidente de la Segunda República, escribió: "Os permito, tolero, admito, que no os importe la República, pero no que no os importe España. El sentido de la Patria no es un mito". La izquierda se resiste a admitir que el antiespañolismo, el anticristianismo, la exaltación revolucionaria y el dogmatismo woke suscitan el rechazo de gran parte de la sociedad.
Muchos ciudadanos votarán a la derecha por una cuestión de valores, pese a que sus medidas afectarán negativamente a sus intereses. Si la izquierda no renueva su discurso y supera ciertos prejuicios, sus posibilidades de gobernar menguarán cada vez más.
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