De 2022 es la octava novela de la escritora española Esther García Llovet, la Jefaza de las Letras Españolas en esta Modernidad Ajada: se titula Spanish Beauty y es una pasada. Como todas las suyas que ya he leído (esta es la sexta).
García Llovet recurre para el pórtico
de la novela a la cita de un párrafo de la excelente novela Revancha de Kiko Amat, donde se leen entre otras
cosas aquello de que “no se puede querer a tan poca gente”.
Y Spanish Beauty comenzar comienza
tal que así:
“Un destello
deslumbrante como un anuncio de publicidad interestelar, allí en medio del
océano, en la noche de verano, al final de la noche del final del verano, el
destello seco de las brasas de un cigarro. Las brasas se inflaman, luego se
apagan, vuelven a encenderse con fuerza en la proa de la zodiac”.
Con todo, la autora va con todo
enseguida: ella es así. Para empezar no está mal, ¿no?
Suena música, claro (“las canciones
son todas diferentes pero el silencio es siempre igual”, el silencio “es cosa
de viejos”): algo de C. Tangana, hay quien quiere ir a Barcelona al concierto
de los Eels (alguien que lleva siempre esa camiseta amarilla con la cara de Mr.
E, como otro personaje se pone una camiseta de Prince), se escucha el Da ya
think i’m sexy de Rod Stewart (“el pelo de Stewart, que debía de cortar el
mismo peluquero de Tina Turner, esa melena como de pluma de pollo enfadado”), también
algo de Blondie, vemos un cartel de los White Stripes. “Todo viene con
música, en Benidorm”.
“Nadie
baila mal si le echa ganas”.
Alguien dice pronto en la novela que “aquí, ahora, son tiempos blandos, no pasa nada, nadie quiere nada, y eso es lo peor que puede pasar. La tontería y el aburrimiento. Las sobras, las colillas. Y este sol de mierda”. Puro universoliterarioGarcíaLlovet.
La protagonista es una policía nacional
llamada Michela. Michela McKay. Una poli corrupta. Un personaje de una pieza.
Un personaje literario, claro. En ese lugar escindido entre la realidad y la
imaginación donde no importa en absoluto quién gana, si lo verdadero o lo
ideado. Con tanta certeza como ensueño. Y, en el centro, la palabra, el hilo
argumental, ese trenzado hecho a base de la pequeña magia de la que está
hecha la literatura, tan poco ciencia, a medio camino entre la religión y
el arte.
“No consigue
dormir, pero tiene recuerdos que son como sueños mal hechos”.
Todo ocurre en Benidorm. “La perla de
la Costa Blanca”. Sí, en Benidorm (“la ciudad que nunca duerme, la
ciudad con todos los husos horarios a la vez, la ciudad de los bares abiertos
hasta pasado mañana”). Donde ya no se ha ce historia, se hace sangría.
“Benidorm. Cultura
barata. Cultura de playa. Gente que habla tres idiomas sin tener el
bachillerato, paquis, belgas, gin-tonics aguados, gays. Libros de Tom Clancy de
segunda mano, hinchados por la humedad, crujientes de arena, arena en la
almohada, arena en la paella, en el tanga, en la ducha, desayunos de salchicha
y bacon a cualquier hora del día, masajes tailandeses a cualquier hora del día,
chicharras de noche. Vomitonas, meadas contra las tapias y canciones de Tom
Jones. Melanomas, cistitis, diarreas universales”.
“Todo el Levante español”, también
Benidorm, es una “delirante gran perfomance”, leemos.
En Spanish Beauty (donde los
fanzines y los cómics valencianos son los mejores de España) hay personajes que
llevan una ceja rasurada porque quizás lo hayan visto en Netflix, los hay que
tienen “la piel de cuero de cazadora”, gente que, aunque no quiere problemas, “va
y te jode la vida”…
“El
español, el idioma del futuro”.
Qué cosas tiene Esther García Llovet,
¿verdad?
“Los rusos muermos
se parecen todos pero los rusos alegres se divierten cada uno a su manera”.
Y lo de acabar una novela con esto, ¿qué
te parece? Deslumbra, ¿verdad? (No temas, no hay spoiler por ningún lado):
“El cigarrillo prende igual que con cualquier mechero, sabe igual que cualquier otro cigarrillo, arde igual que siempre, igual que arden un billete de cinco y uno de quinientos, igual que arden las banderas rotas, las lanzas, los galeones, igual que arden los árboles, los bosques que caminan solos el día de la batalla del día de San Crispín, igual que arde todo, y luego solo queda eso, humo, aire, y nada”.

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