La voz de Hind es mucho más que una película sensacionalmente conmovedora, es un desgarrador grito provocado por un horror que viene socavando la fe en la humanidad desde que los humanos empezamos a ser lo que quiera que somos, esa mezcla incomprensible de azar, determinación, amor y crueldad.
Sawt al-Hind Rajabaka (ese es su título original) es un filme tunecino estrenado en 2025 que no llega a la hora y media de duración escrito magníficamente y dirigido con un pulso emocionante inconmensurable por la cineasta Kaouther Ben Hania (es su tercer largometraje), interpretado con una categoría soberbia por Motaz Malhees, Saja Kilani, Amer Hlehel y Clara Khoury. La fotografía, obra de Juan Sarmiento G., brilla asimismo a gran altura.
Se trata de un drama basado en lo que
ocurrió en Gaza el día 29 de enero de 2024, cuando la Media Luna Roja
recibió una llamada de emergencia que le puso sobre la pista de las vicisitudes
de una niña de 6 años, atrapada en el interior de un coche bajo medio de un ataque
israelí.
Para FilmAffinity es la quinta
mejor película de 2025 y la número 47 de las mejores películas basadas en
hechos reales. En el Festival de Venecia de aquel año mereció el Gran Premio
del Jurado, y en el de San Sebastián el Premio del Público.
Estoy totalmente de acuerdo con el
crítico cinematográfico de El País Carlos Boyero cuando escribió sobre La
voz de Hind que en ella “no hay ningún momento de relajación para el
espectador y hacia el final percibo reacciones físicas en mí. O sea: el
escalofrío, el nudo en la garganta”. También cuando le leí que “Kaouther Ben
Hania crea una atmósfera irrespirable, la que se merece esta historia”.
En el mismo diario, Tommaso Koch acertó plenamente cuando consideró que “poco puede un filme, o un festival, contra una masacre así. La voz de Hind, al menos, denuncia que está sucediendo. Y lo hace a través del arte cinematográfico”.
“Una alegoría demoledora de la brecha
insalvable que nos separa de los crímenes perpetrados en Gaza”, eso es lo que
escribió Nando Salvá en El Periódico. Totalmente de acuerdo.
Algún crítico cinematográfico vio en
ella “falta de honestidad”. Seguro que se quedó la mar de tranquilo.
No te la pierdas. El sufrimiento lo
tienes asegurado. El disfrute de lo que el arte cinematográfico tiene de
desgarrador, también.


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