No pienso, lloro. Estoy muy triste. Y no entiendo nada.
¿De veras queremos vivir, hoy, en un
país fascista? Porque eso es lo que va a pasar, tienen que cambiar muchas cosas
para que no pase. Y tan rápidamente... No me lo puedo creer. En Facebook, cada
uno sigue con su tema. No, no lo entiendo.
Yo nací en 1945, en el agosto de
Hiroshima y en pleno franquismo. A lo largo de mi vida he contemplado (y
vivido, incluso activamente), tanto tiempos muy duros como cambios positivos en
derechos, en libertades, en maneras de vivir, de respetar... Será por eso que
ahora no entiendo nada. Y me duele mucho. Porque tengo 80 años, pero no tengo
alzheimer. Y no hago más que pensar en las vidas de mis nietos, de mis hijos.
¿Otra vez, en tan corto espacio de tiempo?
Pienso en la maravillosa medicina
pública, que tan perfectamente ha gestionado, y está gestionando, los cánceres
de mis hijos, por ejemplo. La que más de una vez me ha salvado la vida, incluso
aquélla en que mi padre se presentó a las 7 de la mañana en mi habitación del
hospital: "hija, tengo la obligación de decirte que igual no pasas de hoy,
pero no hagas caso, lucha, lucha con todas tus fuerzas". Mi padre, bendita
persona, era monárquico convencido, pero incluso las personas de derechas eran
en aquél tiempo muy diferentes a las de hoy, sobre todo sin rencores, con buena
voluntad, con sencillez. Al menos las que yo conocí, las que tuve la suerte de
conocer.
Pienso en la maravillosa enseñanza
pública, que tantas oportunidades ha dado a los que no podían pagar la
enseñanza privada. ¿Es que todas las personas no tienen los mismos derechos?
¿O es que el dinero es el único
derecho? Porque eso es lo que me parece que subyace en lo nuevo.
En fin, termino. Sólo quería dejar
clara mi opinión. Por si así me curaba un poco la tristeza. Y podía volver a
escribir relatos, o algo entretenido. O pintar con unos rotuladores nuevos muy
chulos que me han regalado mis hijos.
Buena suerte.


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