El ángel de la Historia quiere salvarnos la vida, pero, en realidad, no hace más que matarnos a todos, de uno en uno, sin clases ni patrias: él dice no saber nada de voluntades suicidas y nos acongoja con sus buenas intenciones, es un vendaval donde se pueden perder hasta dos guerras civiles en una sola vida, es un ángel henchido de memoria mineral, un avatar enloquecido por la bondad y enemigo de la reciedumbre veraz de la realidad sobre la que vuela y se posa.
El ángel
de la Historia nos salva de la vida, pero no sabe que construimos muros para
librarnos de sus trágicas intenciones y mirar para otro lado, soñolientos,
muertos de miedo y solos, muy solos, decididos a despreciar las sonrisas de los
dioses y sus mentiras de sátrapas.
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