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Suances

Late una isla en algún lugar del Océano, no existe mapa que la dibuje, ningún humano sabe dar con ella, nadie vivo la vio jamás. Los muertos no han sido invocados: hay una ola eterna que la cubre y la muestra, una ola que atesora sus árboles, sus dos ríos y sus viejos cerros; es una ola de avaricia, una ola enamorada de sus playas, cegada por su belleza de isla, una ola poderosa y lunática llamada Suances.

Coca Pérez Fontán sobre foto de Miguel (el fotógrafo de Suances).

Estoy escribiendo un cuento, transcurre en Suances. En el Suances de mis venas. Y es mucho más que un cuento. Porque yo es escribir la palabra Suances y me vengo arriba, me gusto, soy un adolescente melenudo y tenaz. Lo escribo con la parsimonia que no gasto, le pongo al oficio un espíritu de estirpe, saco todo lo que hay en mí, sin exhibirme, a bocanadas, describo aromas y sopeso lluvias. Me siento en el cielo de mis quince años, me río con mis primos, juego a las cartas y olemos a sal, escucho el mar latiéndome cerca. Sigo escribiendo sin importarme el tiempo, ajeno a los lugares que no sean Suances. Soy ombligo y soy encantamiento de olas, me siento un enorme marino, un capitán de los océanos indomables. Escribo y me hago más José Luis, más Ibáñez, más Salas. Me construyo en la espalda de una costa, soy Suances y soy más hijo de Cuca que nunca.

 

Subo la cuesta que baja hacia la mar

y cuando la bajo hacia la cota donde nació mi madre

invierto los mapas de la geografía de los sueños,

esa cartografía cantábrica de verdes dolorosamente labrados:

meseta de la Masera de humanos prehistóricos

que dominas desde tu lealtad el ámbito de mi memoria,

vacunas mandíbulas siguen rumiando y son mirada atónita,

los dalles refulgen cada vez menos en tu paisaje de antiguallas,

pero esa ría de mar de río marino titubea hermosa

hasta acercarse a las islas donde la Conejera se yergue

reposando una silueta de película clásica,

me gustaría olerte ahora desde el mirador de los Del Amo,

esos protagonistas inciertos de otra de esas novelas

que escribo contigo, Cantabria al mando de Suances,

como protagonista lunática.

Ya te nombré, tú eres Suances,

la de los atardeceres esmeraldas.

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