Que la dictadura franquista se sustentó en su origen y supervivencia como una entidad represora es algo fuera de discusión. Y no debemos olvidar que, cuando de represión se habla, no solo se alude a los muertos, a los asesinados o ajusticiados según se quiera mirar, a la violencia física siquiera, sino que se ha de considerar por fuerza asimismo la represión económica y laboral, así como la política y la cultural . En palabras del historiador español Gutmaro Gómez Bravo , la represión franquista contempló “la exclusión y la marginación en una sociedad reconstruida sobre los rasgos de los vencedores, pero sobre todo, [da como resultado] una cultura que reniega de todo lo que tenga que ver con los vencidos, que los aparta y los incapacita para la vida futura”. El franquismo, en su esencial política de eliminación de las ideas disolventes de sus enemigos, acabó por provocar ya en la década de los 40 el llamado “exilio interior”. Gómez Bravo nos dibuja de forma magistral la situación: “...
Tengo siete libros publicados, también escribo mi segunda novela. Me gusta (mucho) Nacho Vegas, Jonathan Coe, Rodrigo Sorogoyen, MARGA y reírme. Dijeron que era un agitador cultural, pero lo que prefiero ver escrito sobre mí es eso, que soy un escritor. Ibáñez escribe.