Lo improrrogable del vaivén, su acción de ida y vuelta, su despegue,
su aterrizaje en la lengua de un águila, en el rostro de un
lobo.
Lo perpetuo de la nada, su inercia inepta, vacía, de olvido y
sarcófago,
su descenso hacia una llama, hacia el vértigo del averno, a
su purgatorio de metal.
Lo efímero de la eternidad, su cúmulo de tiempo de física emoción,
ese ser inevitable y ser una verdad forjada, una terca
responsabilidad.
Lo exacto del pasado, su condición de entierro, de prestigio
y ruina,
con sus fue(s), sus hubo(s), su rancia modernidad abolida,
derogada.
Lo frenético del deseo, su fulgor de bosque, sus afanes
suaves de intimidad sagrada,
su poder ilegislable, su todo ser demencia y fe.
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