El filósofo estadounidense Todd May publicó en 2008 un breve volumen titulado Death, de carácter divulgativo, traducido dos años después a mi idioma por Josep Sarret Grau con el título de La muerte: una reflexión filosófica.
“La
muerte es algo trágico, arbitrario y sin sentido. Pero al mismo
tiempo, debido a la forma particular en que es trágica, arbitraria y sin
sentido, puede abrirnos a una plenitud vital que sin ella no sería posible. Lo
que investigaremos en este libro, mirando de vez en cuando lo que han dicho
filósofos y escritores acerca de la muerte, es el papel que esta juega en
nuestras vidas, así como las formas en que tratamos de escapar a su poder y
qué puede suceder o sucedemos si nos atrevemos a mirarla directamente a la cara”.
La muerte es el hecho particular más importante para la mayoría de los seres humanos “porque representa el final de todos los demás hechos”.
May parte de la constatación de que
“la muerte engloba absolutamente todos los aspectos de nuestra vida”. Y es algo
“definitivo e irrevocable”. Con ella, tras ella, “el mundo deja de estar ahí
para nosotros”, desaparece. “Está siempre aquí, con nosotros”, al ser
conscientes de que hemos de morir. Y lo está, “incluso cuando tratamos de no
pensar en ella”, precisamente “porque estamos tratando de no pensar en ella”.
Tenemos “una conciencia constante de nuestra propia muerte”.
“Uno
es mortal no solamente al final de su vida sino durante toda ella. Sin esa
conciencia de que la vida es una trayectoria y de su constante vulnerabilidad
ante la muerte, la muerte desempeñaría un papel menos significativo en nuestra
vida”.
La principal obra de referencia del
libro de Todd May, la más citada y profundamente analizada, es Ser y tiempo,
de Martin Heidegger, “uno de los libros más influyentes en la historia
de la filosofía”, quizás en el que más sistemáticamente se haya reflexionado
sobre la mortalidad humana (concretamente, en el primer capítulo de su segunda
parte).
Los cuatro aspectos del asunto que
trata el libro de May son…
“Primero,
la muerte es nuestro final y el final de nuestra experiencia. Segundo, este
final no es un fin o un objetivo; es simplemente una interrupción. Tercero,
la muerte es al mismo tiempo inevitable e incierta. Estamos seguros de
que hemos de morir, pero no sabemos cuándo. De modo que la muerte no solo
está al final de nuestras vidas sino que de hecho las impregna por completo.
Y finalmente, estas tres características tomadas en conjunto hacen que nos
preguntemos si nuestra vida tiene algún sentido”.
El autor sostiene que “es
precisamente nuestra mortalidad lo que confiere sentido a nuestras acciones,
lo que las hace importantes”. Nuestra muerte “parece dar forma a nuestra vida”.
Sin ella poco de lo que hacemos o nos ocurre parece importante; con ella, mucho
de lo que vivimos sí parece serlo.
La muerte…
“da
importancia a nuestras vidas y se la quita. Se la da en la medida en que imprime
una exigencia a lo que hacemos, en que confiere un carácter irreparable y una
singularidad a cada momento de nuestras vidas. Se la quita en la medida en
que amenaza a cada momento con la aniquilación esta misma exigencia y
singularidad”.
Nuestras vidas tienen sentido debido
a algo que nos acecha: la muerte, que “es a la vez fuente y origen del sentido
de la vida y una amenaza central al mismo”. Tan es así que “la fragilidad de
la vida es nuestra condición”. Lo que lleva a una pregunta esencial, diría
yo que vital: “¿podemos integrar este conocimiento en nuestras vidas?
Vivimos con la muerte.
May lo explica así:
“Vivir
en el presente es una de las dos caras de la moneda de vivir con la muerte.
Vivir con un futuro incierto es la otra cara. Para vivir la fragilidad
de la vida, hay que ser capaz de hacer las dos cosas al mismo tiempo”.
Lo que hacemos, leo en el libro, es tomar el futuro en el presente, vivir en el presente y en un futuro incierto, al mismo tiempo.
La muerte sirve para algo.
No lo dice el autor, pero lo digo yo leyendo su libro: “la muerte nos ayuda a
separar el grano de la paja”.
“Ser conscientes
de la muerte nos ayuda a seleccionar nuestros proyectos para centrarnos en
aquellos que contribuyen de algún modo a hacernos tal como queremos ser”.
Como tenemos en cuenta a la muerte
(que amenaza y da sentido a nuestras vidas al mismo tiempo), como sabemos que
vamos a morir, somos capaces (deberíamos serlo) de distinguir entre lo
importante y lo banal.
“La muerte es el hecho más profundo y más importante de nuestras vidas: ser humano es tener que morir”.


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