Conseguido el efecto de atraer tu atención, me dispongo a
lograr que esa atención tuya que ya esté aquí se quede conmigo, con mis
palabras, un breve momento, el necesario para que sepas lo que he leído en la
inclasificable novela autobiográfica del escritor estadounidense James Ellroy titulada Mis
rincones oscuros.
Como el mismísimo Ellroy nos dice, “los muertos pertenecen a
los vivos que más obsesivamente los reclaman”. Y eso es esta obra que me ha
conmovido y me ha mantenido en vilo y me ha enseñado a amar la literatura de
Ellroy, una zambullida en el dolor y en la personalidad de uno cuando ha sido
cincelada por la desaparición y la caída a los más oscuros rincones de un alma
zarandeada.
“Tenía la mente clara y precisa. Y una memoria sólida. Podía contrarrestar los fallos sinápticos con las descargas de fantasía. Era capaz de rememorar escenas alternativas. ¿Y si ella hacía lo mismo? Tal vez lo hiciera. Tal vez hubiese reaccionado de la misma manera. La verdad literal era básica. Podía llegar en cantidades limitadas. A mi memoria podía faltarle elasticidad, pero no estaba reprimida.”
Se sabe mucho de la vida de James Ellroy, lo suficiente como
para Mis
rincones oscuros sepa que lo que se busca no existe salvo si se
repara en que lo que su autor busca es su propia alma. Y esa sí, esa sí
hace acto de presencia. De una manera deslumbrante, uno de los escritores de novela
negra más reconocidos del mundo, admirador de los primeros clásicos estadounidenses
del género, indaga en el pasado y en el trauma para acercarse a lo que en
realidad nos quiere mostrar, tal y como el propio título de su ¿novela? nos indica,
los rincones oscuros de su personalidad, de su vida. De la vida.
Investigaciones policiales de crímenes reales, narrativa
puramente literaria de crímenes reales, esta obra está plagada de asesinatos, y
es de alguna manera también una especie de Por qué los hombres matan a las mujeres
universal, obsesiva y traumática.
Hombres que matan a mujeres, pasado perturbadoramente indagado
y aceptación. Nada más y nada menos. Ellroy ha conquistado mi corazón de lector.
Ya era hora, pienso.


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