La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie ofreció una conferencia (una charla TED de esas, para ser más exactos) en Londres, en diciembre del año 2012, en el marco de los eventos TEDxEuston (que tienen por objeto reflejar las ideas y el pensamiento de personalidades africanas), cuyo éxito tras haber sido vista por miles de personas en distintos canales a través de internet llevó a la publicación de una adaptación de la misma, en 2014, en forma de libro titulado We should all be feminist, traducido al año siguiente como Todos deberíamos ser feministas por Javier Calvo.
¿Merece la pena la lectura de este librito, breve y con escasas pretensiones más allá de un didactismo muy elemental? Quizás sí. Aunque solamente sea por el correcto hincapié hecho en algo tan cabal y tan poco cuestionable (salvo que se sea un zopenco de campeonato, como tantos que creen y votan opciones descabelladas muy bien asentadas en nuestras sociedades) como es el feminismo en su sentido literal.
[…]
La autora se define como una feminista
feliz (para contrarrestar aquellas opiniones machistas que dan por sentado
que las feministas son “mujeres infelices porque no pueden encontrar marido”,
sic), ella que como nigeriana ha tenido que escuchar a otras mujeres nigerianas
decir que el feminismo es algo antiafricano, algo ajeno a la cultura
nigeriana. Por eso se define como feminista feliz africana. Y matiza: feminista
feliz africana que no odia a los hombres.
[…]
Centrémonos. Las mujeres y el poder.
Para ir al grano, y explicar esa relación de una manera muy concisa y precisa, Chimamanda
Ngozi Adichie utiliza unas palabras de la premio Nobel keniana Wangari
Maathai, quien aseveró que “cuanto más arriba llegas, menos mujeres hay”.
Es decir, “los hombres gobiernan el mundo”, algo que podía tener sentido
hace mil años, cuando “los seres humanos vivían en un mundo en el que el
atributo más importante para la supervivencia era la fuerza física; cuanto más
fuerza física tenía una persona, más números tenía para ser líder”. Pero… “hoy
en día vivimos en un mundo radicalmente distinto. La persona más cualificada
para ser líder ya no es la persona con más fuerza física. Es la más
inteligente, la que tiene más conocimientos, la más creativa o la más
innovadora. Y para estos atributos no hay hormonas”.
La autora de Americanah no
solamente está cargada de rabia, algo que admite, sino que también tiene esperanza,
pues cree “firmemente en la capacidad de los seres humanos para reformularse a
sí mismos para mejor”. Considera que para lograr un mundo más justo, de hombres
y mujeres “más felices y más honestos consigo mismos”, es indispensable
comenzar criando a nuestras hijas e hijos de otra forma”. Educándolos sin
la carga de las expectativas de género. Se trata de criarlos sin centrarnos
en el género sino en la capacidad y los intereses.
Es muy importante la aclaración que
leemos en el libro sobre ¿por qué usar la palabra feminista?, ¿por
qué no decir simplemente que crees en los derechos humanos o algo parecido?
“Pues porque no
sería honesto. Está claro que el feminismo forma parte de los derechos humanos
en general, pero elegir usar la expresión genérica derechos humanos
supone negar el problema específico y particular del género. Es una forma de
fingir que no han sido las mujeres quienes se han visto excluidas durante
siglos. Es una forma de negar que el problema del género pone a las mujeres en
el punto de mira. Que tradicionalmente el problema no era ser humano, sino
concretamente ser una humana de sexo femenino. Durante siglos, el mundo dividía
a los seres humanos en dos grupos y a continuación procedía a excluir y oprimir
a uno de esos grupos. Es justo que la solución al problema reconozca eso”.
Resulta evidente que “hay hombres
que se sienten amenazados por la idea del feminismo”, algo que la autora
achaca a “la inseguridad que les genera la forma en que se les cría, del hecho
de que su autoestima se ve mermada si ellos no tienen naturalmente el
control en calidad de hombres”.
La mujeres no han de ser
desconsideradas por el hecho de ser mujeres. Parece mentira que haya que
repetir esto todavía. No es algo cultural. Porque la cultura no es algo
inamovible…
“La cultura no
hace a la gente. La gente hace la cultura. Si es verdad que no forma parte de
nuestra cultura el hecho de que las mujeres sean seres humanos de pleno
derecho, entonces podemos y debemos cambiar nuestra cultura”.
¿Quién es hoy feminista?
Para , Chimamanda Ngozi Adichie está claro: es feminista “todo aquel hombre o
mujer que dice: Sí, hay un problema con la situación de género hoy en día y
tenemos que solucionarlo, tenemos que mejorar las cosas. Y tenemos que
mejorarlas entre todos, hombres y mujeres”.
Todos deberíamos ser feministas.
Hasta que no fuera necesario, añado yo.
Este texto pertenece al artículo ‘¿Todos deberíamos ser feministas?’, publicado el 8 de marzo de 2026 en Nueva Tribuna, que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.

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